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9 de noviembre de 2018

Presentamos el libro de las obras y recordamos a Margarita Urías Hermosillo en Chihuahua en Casa Redonda. 

LOS PUNTOS DE FUGA DE UNA CHIHUAHUENSE EN EL ÚLTIMO TERCIO DELSIGLO XX MEXICANO: MARGARITA URÍAS HERMOSILLO 1944-2000

El libro que presentamos indica un necesario rescate de trabajos académicos profesionales, que dan cuenta de la actividad realizada por Margarita Urías Hermosillo, mi madre, entre 1969, cuando empezó sus estudios en etnología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, ubicada por entonces en el Museo Nacional de Antropología en Chapultepec, y el año 2000, año de su deceso repentino. Cuando Margarita se encontraba en la lucha contra lo que supimos después era un cáncer de laringe desatendido en muchos sentidos, estaba realizando estudios doctorales en la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México, donde proyectaba, según ciertos trabajos de su archivo personal, emprender una obra más acabada sobre su investigación respecto a Manuel Escandón. Los últimos años de su vida estuvo persiguiendo colegas para completar el perfil de los pueblos indígenas del Estado de Veracruz para el Banco Mundial, empresa coordinada por Tanía Carrasco a nivel mundial y por Salomón Nahmad, me parece, en México.

Además Margarita había sido abuela en 1997, gracias a su hijo Emiliano, primogénito suyo junto de Augusto Urteaga. Ya instalada en Xalapa desde 1994, cuando volvió para rentar una pequeña casa campirana a quien fuera su alumno Polo Alafita, batalló mucho para finalmente poder establecerse en el Centro INAH Xalapa.

Además mantenía la tutela, cuidado y educación de dos púberos en pos de la adolescencia, mi hermana Luisa y yo. Pero se mantenía inquieta, actualizada, conectada en un mundo sin internet.

De su última estancia xalapeña, sitio que la vio morir y dejar este mundo material, quedaron una casa tipo chalet, muy agradable, a las afueras de Xalapa, sin jardín en aquel entonces, lo cual a ella le deprimía mucho, y como resultado de sus previsiones ante lo que muchos sospechamos era su consciencia de su mal y de su posible fin. Construyó esta casa de manera rápida en más o menos 3 años y medio, si no es que menos. También había mantenido una íntima relación con su hija Luisa, dedicada a actividades artísticas y teatrales, y yo, su segundo hijo, estaba en el camino de las ciencias sociales y las humanidades, a punto de terminar la prepa. Su muerte fue repentina y a todos nos agarró sin saber qué hacer para seguir con la vida.

El libro responde, además, a un momento personal muy distinto al de los comienzos de su ausencia. Una vez un gran amigo de mi madre, colega suyo, me dijo que no debía cargar el mundo como Atlas, esto respecto al legado materno. Y a muchas personas les consta que tardé mucho tiempo en encontrar un camino saludable y vital para mí después de su muerte. Cuando en el año 2011 me hablaron del Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales de la Universidad Veracruzana, a través del Dr. José González Sierra, aquí presente, porque tenían pensado hacer un homenaje a las primeras directoras de dicho recinto no pude sino sentir que era tiempo de adentrarme en su legado académico. Sus papeles nunca fueron organizados ni fueron expurgados concienzudamente. Su obra se encontraba en nuestra casa xalapeña, empolvándose, dispersa, desacomodada. Fue gracias al Dr. Pepe que surgió la inquietud de materializar ese anhelo que yo había tenido desde los primeros años de la partida de Margarita: hacer un libro con sus trabajos.

Dicen que hay que empezar por la casa, por el principio, para después dar al público, a la sociedad, aquello que podemos ofrecer. Y yo fui, en muchos sentido, farol de la calle. Por eso cuando surgió la idea de escanear, digitalizar, mecanografiar y reunir las obras históricas de mi madre no lo dudé ni un minuto.

Se trata de distintos trabajos, que abarcan una multiplicidad de temas, de disciplinas, de ópticas y observaciones, de reflexiones e inquietudes. Los núcleos temáticos pueden definirse por su formación: temas etnológicos y etnohistóricos de las dos regiones que más influyeron en ella, Veracruz y su natal Chihuahua; temas del siglo XIX, sobre todo de historiografía económica, demografía y población, de educación, otra de sus facultades y fortalezas, pero ante todo sus materiales biográfico-estructurales de Manuel Escandón, su investigación vertebral; temas de investigación, archivística, urbanismo, entre otros. Varios de estos trabajos fueron publicados en distintos libros, revistas especializadas, memorias de congresos y otro tipo de soporte editoriales. Otros, por el contrario, resultan ser completamente inéditos, por ejemplo sus últimos ensayos sobre el caso Escandón, algunos otros ensayos que presentó como conclusiones en sus cursos, como el caso del cine y el anarquismo en Veracruz o el de la Huasteca como  región al interior de Mesoamérica. También hay omisiones o recursos no accesibles. Faltó un ensayo que escribió durante su última estancia en Chihuahua, publicado en Cuadernos del Norte, faltó también su profunda investigación sobre la prostitución el puerto de Veracruz durante los años del movimiento inquilinario. Faltó, ante todo, su aportación a la bibliografía de Historia económica de México coordinada por Enrique Florescano, trabajo del cual el apartado del siglo XIX es deudor de su trabajo e inteligencia. Pero lo que más falta hace en este libro es la posible perspectiva que ella hubiera dado al mismo.

Cuando Margarita, mi madre, murió, había recibido ofertas para publicar un libro sobre el caso Escandón y sobre el problema étnico-nacional en México. En los últimos años en Xalapa nos comentaba que le habían ofrecido hacer un doctorado en España. Y ella, tan renegona del Sistema Nacional de Investigadores, tan anti-autoritaria, tan frontal pero inteligente, luchó en su situación de desventaja en un mundo en proceso de globalización. Es imposible olvidar las primeras Mac Classic que adquirió cuando la Olimpiada de Barcelona y que nos abrieron, a mis hermanos y a mí, un universo de realizaciones y posibilidades. Es imposible no ver en sus actos, en su congruencia vital, los signos de una integridad en un universo de adulaciones, corrupciones y prestigio, el de la academia y los intelectuales. En Xalapa se encuentra el diploma de participación de mi madre como parte del cuerpo de intelectuales que se entrevistó con Juan Pablo II en alguna de sus venidas a México en los ochentas o noventas.

Está también por demás recordar la tan trágica historia de su episodio guerrillero que mi hermana Luisa ha reconstruido tan bien. Este libro no es mi capricho personal ni tampoco un artilugio que me beneficia como posible heredero intelectual de mi madre. Margarita tuvo, ha tenido y tendrá múltiples herederos intelectuales porque si algo supo hacer fue escuela. Extraña hoy día que en la Escuela Nacional de Antropología e Historia del Norte de México no se le haya rendido un homenaje a la primera directora de tal institución, ni por ser mujer, ni por ser la primera, ni por sus méritos académicos. Extraña también que hayamos sido sus hijos, mi hermana Luisa primero y después yo, los que rescatemos su figura. Extraña, por si fuera poco, el silencio de sus alumnos, de sus colegas, de sus contemporáneos, frente a un legado indudable. Margarita fui víctima de la meritocracia, porque para ella la academia, me atrevo a decir, no se trataba de estímulos, monedas o premios, sino de la condición formativa de la población mexicana, de los proyectos oligárquicos históricos nacionales, se trataba de ser congruente en las realizaciones de sus contradicciones. Mujer y madre soltera, intelectual, maestra y profesionista, el libro que presentamos hoy trasluce los caminos del surgimiento de centros académicos periféricos, trasluce también la fortaleza y vitalidad de una mujer singular. Los caminos que anda este libro son testimonio del último tercio del siglo XX mexicano, de sus preocupaciones y tendencias académicas, escolares, investigativas, pero también de la labor meticulosa, del trazo fino y profundo de la investigación documental, del reconocimiento que merece una mujer que dejó diversas investigaciones inconclusas, que dejó a dos hijos, una hija y una nieta en este mundo, que dejó cicatrices, que generó envidia, celos, rencores, por su brillo propio, que fue distinguida con la medalla de la Raza en 1992, que al final de cuentas vivió, amó, luchó, construyó, un mundo, hoy ya tan lejano y tan disímbolo, como este fragmento de siglo XXI que hasta hoy hemos recorrido. Margarita Urías Hermosillo nos legó sin pretensiones ni grandilocuencias un ejemplo de vida en todas las facetas que recorrió y que aún hoy nos sorprenden a quienes la conocimos.

Compendiar es poner al alcance materiales dispersos, unificar, reunir, aglutinar en un mismo volumen según las condiciones temáticas del mismo. Aquí, hoy, este libro que reúne la obra histórica de Margarita Urías intenta colocar en la escena del presente saturado el cúmulo de su quehacer académico en búsqueda de lectores y de continuadores. El libro, ya para finalizar, se encuentra por ahora disponible en formato digital en Amazon. Estamos en gestiones con el Instituto Chihuahuense de Cultura para llevar a cabo la impresión de un breve tiraje de la obra en dos volúmenes. A un año de que salió públicamente, no podía quedarse así, en el silencio distante de los best sellers y los flujos medulares de lo publicado, esta noticia de una obra que por fortuna ve la luz y hoy invitamos a leer. Muchas gracias.

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