Distorsión visual o de la irreverencia del pastiche fotográfico y su sátira

Posición posterior a un gran declive

Aquí estoy, en medio de diversos procesos, como entreverado con el sin fin de fracasos literarios que me acompañan. Estoy decepcionado, completamente desértico, infértil, en mi creatividad. Dejé de escribir hace meses. Pienso que mi escritura no tiene más voz, que he perdido el aliento para decir las cosas.

Cumpli 22 años escribiendo. No he logrado mucho. Tengo por ahí un par de libros publicados, tengo este sitio, este weblog, que al parecer es más un vestigio de mi abandonada vida pública.

Y olvido, para variar, el proceso de mis actos, de mis palabras, mis procesos de lectura, mis compañeros de viaje. Olvido lo difícil que ha sido lograr plasmar mis ideas, rectificarlas, aclararlas. Olvido que ahora mi dedicación es ciento por ciento a mi posgrado, que también me obliga a escribir pero de otras cosas, más serias.

También me encuentro desparramado en un sin fin de temas, en una especie de excentricidad literaria y creativa que hace meses me orilló a una cierta mortandad espiritual.

Mientras yo concluyo en mis fracasados intentos por ser alguien en la vida literaria, mientras me enfrasco en intentar colocar mis libros, mientras me doy cuenta lo difícil que es hacerse un lugar, un sitio, en el hacer literario, otros ascienden, conquistan premios, logran inscribir su nombre en letras de oro.

El trauma de ser hijo de una gran intelectual me persigue. Y estoy decepcionado de mis libros, de mi escritura. Como poeta no he dado a la prensa más que una breve antología personal que cada vez vale menos. Por ahí el autor zamorano Jaime Garba me dedicó un elogio en su muro de facebook por mis poemas. Yo cada vez estoy más fuera de los centros culturales, cada vez estoy más lejos de los ambientes, de los sitios donde pasan las cosas.

No tengo editor, no he ganado un premio literario, mis escritos son rechazados aquí y allá, incluso mi blog ha perdido su audiencia. Estoy literariamente deprimido, quizá no deba insistir, quizá deba renunciar a mis pretensiones. Desde hace dos años me enfrasqué en una escritura académica muy seria por mis obligaciones de becariode CONACYT, pero sin darle suficiente cabida a la escritura creativa seria. Lo que vislumbraba como la continuación de mi novela no ha comenzado. Otros libros de ensayos han quedado en el tintero.

No tengo método, apenas sé acentuar las palabras, ya no leo literatura, ya soy un encerrado en mi torre de marfil.

Estoy decepcionado, no seré nunca un escritor profesional. Soy un pobre pretensioso que cree que hace algo bueno al escribir. Y por si eso fuera poco estoy a la deriva. Quizás mi perfil es más idóneo para el lado académico, quizá deba de dejar de lado mis intentos de ser poeta, mis intentos de ser ensayista, mis intentos de ser narrador. Hay un infinito número de creadores verbales, hay un sin número de personas que buscan y consiguen mejorar su técnica. Yo simplemente me estoy dejando morir.

Me llegaron libros de España y no sé dónde o como moverlos. Para los libreros de Xalapa no soy más que un escritorcete de quinta que no vale la pena para sus aparadores, incluso venden mis libros más baratos de lo que yo les indico y me dan lo que quieren. El único librero que me dió trato digno acaba de cerrar su librería y no vendió ni un libro mío. Pago el precio de ser un contestatario, de cuestionar a los grandes jóvenes exitosos de la literatura nacional. Paga el precio de estar fuera de foco, no de no encajar por común.

Quizá no deba desisitir o quizá sí, no lo sé.

No soy un intelectual, no soy un escritor, no soy un poeta, no soy un novelista. No. Solo creí que podía serlo. Pero ahora, en mi presente, ya no puedo seguir creyendo que juego a serlo, no puedo seguir creyendo que desde mi soliloquio puedo dar algo al mundo. No, lo realmente valioso es lo que está en el mercado, lo que va a las ferias de libros, lo que se lee, lo que se compra, lo que se distribuye, lo que sí es literatura. Yo sólo soy un trozo desvencijado de ser humano, que creyo que podría dar algo escrito a la imprenta. Soy un simple escritorsucho en la república literaria digital.

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