Gramatopoeticografia y literatocentrismo alfabetocéntrico

Gente

Tenemos la necesidad de reunirnos, de colaborar, de apoyarnos. El individualismo parece más bien una especulación ruín del avance progresista. Nos ciframos en relaciones, nos definimos por los otros. Cada día miles de esfuerzos se conjuntan para que podamos tener una pieza de pan en la mesa o para que nuestro sistema telefónico funcione. Somos como dijo Aristóteles animales políticos y hombres sociales.

En el recorrer las aristas de las relaciones humanas se esconde siempre una dificultad y un reto, el de poder comunicarnos, dialogar, mediar nuestros intereses con los de los otros. Uno puede dedicar su tiempo y vida a conocer la biografía de algún personaje o a estudiar los movimientos sociales o a realizar descripciones de las conductas colectivas. Pero siempre, en todo momento, nos imbrica una identidad propia, construida, ensamblada de piezas y de acciones, de recuerdos, de ideas, de momentos.

Nos movemos en el espacio y en el tiempo, siempre oscilando entre un ser yo, un ser aquí, y un ser allá, un ser distante. Porque también conforme vamos conociendo el mundo humano nos facinamos con el arte o la poesía, nos inconformamos con las injusticias y con el crimen, nos organizamos para sacar adelante a las nuevas generaciones y para dar un trato justo a quienes nos antecedieron. Todo es cambio, sí, pero en el cambio también hay permanencias.

Nacemos insertos en estructuras sociales, compuestas por imaginarios, prácticas, ideas de mundo, nociones epocales, preferencias, actitudes y aversiones. Paulatinamente nos conformamos una psique, una mente, un mundo interior, que nos cobija, que nos proyecta, que nos brinda una tela, un velo, para enfrentar el mundo.

Todos tenemos una historia, todos tenemos dificultades, todos tenemos filias y fobias. Descubrir la vivencia de lo humano en nosotros también representa un acto de valentía y de honradez. Porque al final de la vida no quedará nada de nuestro hacer corporeo salvo aquello que habremos hecho con el corazón tendido al cielo, con el afán de los enfrentamientos con la adversidad, con la certidumbre de lo incierto que será la muerte.

Escribo esto porque estoy aquí, decepcionado de muchas formas. Porque también soy un ser en este mundo, porque he perdido mi voz, porque me encuentro en un punto de quiebre y necesito dialogar. Cada vez intentamos lo que nos representa la superación de un dolor, una dicha, un reto o alegría. Estamos aquí, en este universo retirado, en este planeta destruido, en esta urdimbre social, que nos implica todo el tiempo hacer el esfuerzo de comunicarnos.

Sí, mi trayectoría ha sido irreverente, ha sido dislocada, ha sido poco realista. ¿Cuántas realidades existen? Estamos aquí, en este sigo XXI, en este tiempo de luces, en esta pantomima democrática. No podemos guardar silencio ni ser egoístas, no podemos quedarnos atrapados en el pasado, no podemos dejar de nombrar, dejar de actuar, de simbolizar, aquello que anhelamos, aquello que nos representa, que nos identifica.

Escribo esto porque al final del día me cuesta trabajo asumir mis derrotas, mis fracasos. Porque me da miedo la vida pública, porque me siento vulnerable, porque no puedo ser escritor, porque me siento desorientado, porque creo que lo que hago no tiene una repercusión en el mundo. Pero escribo también porque me llena de vida, porque me hace imaginar, porque toda vez que lo hago encuentro los suficientes motivos para ser feliz. Y ocasionalmente hago feliz a otras personas. Por eso escribo. A veces más tiendo a la faceta depresiva, al instante irreverente, a la deconstrucción de los sentidos. Otras veces me pierdo en atisbos de claridad que rompen mi inconsciente. Porque al final del día tenemos el milagro de la vida, del presente. Porque sin negar las dificutaldes podemos estar en el mundo, hacer algo con nuestros dones, con nuestras inclinaciones, con nuestros más intensos sueños. Por eso escribo.

Otros componen música, otros pintan o hacen cine, otros se dedican a las ventas, otros son empresarios, otros tienen con mucha más claridad que yo el afán e impulso rotundo del esfuerzo.

Yo soy un hombre más sobre esta digitalidad, sobre esta pastiche global, sobre internet. Soy un hombre que ha sufrido, que ha vivida, que ha perdonado, que ha pasado por muchas circunstancias. Y eso también me hace humano, como los demás, como todos y cada uno de quienes visitan esta página, medio abandonada, como todos quienes están en el mundo luchando por algo.

Sí, somos personas, somos gente, aquí, en el siglo XXI, y no hay otra vida, no hay otra oportunidad, no puede dejarse para después el hacer. Somos gente, estamos vivos, aunque sin pecar de inocencia, tenemos en nuestros hombros la responsabilidad de dar un mundo menos saturado a quienes nos suceden.

Estamos vivos, adelante, vivamos.

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