Distorsión visual o de la irreverencia del pastiche fotográfico y su sátira

La vida derruída del pastiche intertextual

La arrobada complejidad de las relaciones culturales y comunicativas remite a la capacidad articulatoria de la intertextualidad. Es decir, si el intertexto indica una vía de interpretación de otra fuente, su capacidad articulatoria se indica en su potencia comunicativa como producto derivado y en su capacidad dialogante como producto con un mensaje auténtico. La armonización del diálogo comunicativa y el mensaje propio deriva en el acto intertextual, la referencialidad a otro ser, a otra ontología, que se desdobla en una participación concreta dentro del mundo simbólico

Pero la intertextualidad debe ser efectivamente leída, debe comprenderse la referencia otra, para lograr comprender el valor simbólico de la obra y de la referencia. Aunque, sin duda, en el pastiche presente la reiteración, ironización y satirización de los hechos pueda anular la comunicación intertextual, no hay lugar a duda de que el intertexto conlleva una conducta de savant, de conocedor, según el campo o la experiencia estética de que se trate.

La potencia del pastiche, entonces, no radica en su reproductividad como en su recolocación, reinserción, respuesta y apuesta a la expresión a la que hace referencia. Por eso no es extraña la apelación a la incrustación operística (en el sentido de obra), a la re-elaboración discursiva de la realización de una y otra forma expresiva. En la música hay claros ejemplos de esto. Inclusive en las trayectorías musicales es muy evidenciable la re-elaboración de los mismos discursos, el recurso del pastiche como modalidad en la que se ejerce una fuerte composición comunicativa, dialógica, entre las piezas del pasado y las piezas últimas.

¿Dónde entra entonces la distorsión? ¿Cuál es el valor simbólico del ruido y de la interferencia? ¿Los códigos expresivos se retrotraen y se expanden según los modelos de los pastiches empleados y el recurso intertextual que domina un conjunto de obras?

A decir verdad, el problema simbólico comunicativa es una fiabilidad que responde a la experiencia del lector, receptor, consumidor. El consumo cultura es, por ello, recursivo. Sin duda, dentro de la experiencia receptora, consumidora, lectora, puede haber puntos de «inocencia receptiva» que no permitan asumir el valor fundamente del pastiche ni la proporción cierta del intertexto.

La referencialidad no implica más que un conocimiento de una ruta para ingresar a los universos simbólicos de las formas expresivas, considerando que el pastiche y el original no representan necesariamente un punto creativo de filiación, sino que puede representar una retextualización ritual, es decir, la reiteración del mensaje original y, mediante la re-elaboración discursiva, la potenciación interpretativa de dicho mensaje.

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