Pornonarcotecnodemocracia

Cosificación y des-simbolización de lo femenino

La cosificación de lo femenino en términos sexistas implica un acto mercantil, una impronta de la venalidad. La pornonarcotecnodemocracia invita a sus huéspedes a habitar el mundo falocéntrico del egotismo machista, olvidando el valor simbólico de lo femenino. En el devenir de los tiempos masivos y de la interneticidad la mujer se ha convertido en un objeto no erótico sino erotizante y en un fetiche más del mercado. De ahí la potencia de la pornografía como instrumento de sometimiento gratuito y la cosificación estereotipada de lo femenino como un acto de pérdida de valor. No es extraño por ello que vivamos en tiempos de los sex symbols aunque en realidad no se trata más que de la venta del cuerpo juvenil de la mujer.

En el acto fetichista donde la mujer es exclusivamente sus zonas erógenas, sus zonas genitales, su rostro embellecido, el mercado no perdona que la mujer en sí reprensente algo más que un objeto de satisfacción sexual del hombre. Incluso la pornografía lésbica no intenta complacer a la mujer sino al hombre.

Por el contrario, el valor simbólico de la mujer depende de su capacidad de articulación en un tejido social complejo en el cual ella representa algo más que un objeto sexual, pero también donde puede equipararse su acción a la de sus pares: generacionales, escolares, laborales, humanos. La mujer no es simbólicamente algo distinto a la dadora de vida, no es, en el sentido antropológico, más que la expulsada de la época matriarcal de la humanidad. La simbolización erotizante de lo femenino, que cosifica modélicamente a la mujer, es también una instancia que intenta fabricar una doble moral: la moral paternalista del promotor de esas modelos, que es venal, y la conducta consumista del resto de los hombres.

La cosificació de la mujer apela a la animalidad, al nivel de distinción biológico de los cuerpos femeninos, negando así la realización de otras formas de lo femenino. Los hombres caemos fácilmente en la trampa de cosificar a la mujer sin pensar o imaginar el valor humano que estas tienen porque al final la mercadotecnia y el marketing masivo global se encargan de fomentar una versión de la mujer que sea atractiva para el consumo, no por sus cualidades inherentes o desarrolladas, sino por su apariencia física.

Por ello, en el decurso de la pornonarcotecnodemocracia existen personajes como Trump, involucrado en escándolos sexuales con modelos porno, que representan al capital más rancio y profundo. Existe también el nivel de censura de los contenidos explícitos como intento de fabricar otro tipo de normas de comportamiento. Pero en el fondo lo pornonarcotecnodemocrático representa la cosificación sexual de la mujer como accesorio a la brillantez exitosa de los gentleman. Y en términos de la iconicidad el cosificar se inserta en los mass media y en las producciones billonarias porque cada generación se siguen construyendo modelos femenimos acorde a las dinámicas de consumo. Así, la pornonarcotecnodemocracia enaltece ciertos íconos femeninos, promueve la liberación sexual convertida en libertinaje y facilita el acceso a versiones distorsionadas de los femenino.

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