Prosaismo desde una distemporaneidad postnacional postmoderna postpornográfica postcolonial postestructural postindustrial postinternética

En 19 años construimos una zona verde en Xalapa

Cuando llegamos a vivir a la privada de los pinos en Xalapa, después de construir la hermosa casa mi madre, nos encontramos con el hecho de que nuestros terrenos, antes baldios, eran el basurero del lugar. Cada lluvía salía más basura. Valdo, que en ese entonces trabajaba con nosotros, limpiaba, recogía cristal, botellas, ollas oxidadas, bolsas de plástico, entre otras cosas. Había unos cafetos y guayabos, también unos árboles de naranja agría. En realidad había muy poco de vegetación. Aún con mi madre viva Ángel y yo nos embarcamos en una travesía por San Marcos y al rededores para recolectar plantas y trajimos a la casa algunos lírios y orquideas, algunos tenchos y otras plantas de la la localidad. Mi madre mandó sembrar unos platanares decorativos y ella mismo sembró rosales, geranios y otras plantitas. Pero se sentía muy triste porque no había jardín en la casa.

Después que ella murió mi hermana Luisa y yo llevamos plantas para sembrar. El propio Valdo sembró algunas palmeras y otras cosas. También había árboles de jinicuil, níspero y aguacate. Un día después de haber tenido una noche de romance arranqué como pude una guía de bambú y la sembré. Poco a poco fuimos haciendo un jardín. En el recorrer de estos años se plantaron caobas, pistaches y otro tipo de árboles, de los cuales muchos no sobrevivieron. Pero eso sí, la magnolía que mi madre tanto quiso pegó y se mantiene.

Después recibimos orquideas y otras plantas de regalo. Los rosales se perdieron, todos. Los geranios permanecen y los lirios también adornan la vista con flores y colores. Nuestra casa, nuestros terrenos, después de 19 años, ahora son una especie de refugio para aves, insectos, tlacuaches, tuzas y otros animales de las cercanías. Con orgullo presumo que este jardín que ahora tenemos lo elogió Sergio Pitol cuando tuvo oportunidad de visitarme en mi casa hace varios años: decía que mi jardín era maravilloso y hermoso.

Pero adentrándome en la tecnología de Google Earth he podido corroborar un hecho escandalozo, fatídico y terrible. En toda la cuadra las únicas zonas verdes corresponden mayormente a la de nuestros terrenos y a la del terreno de nuestra vecina de junto. Ha valido la pena el esfuerzo. Tenemos de una escuadra, a manera de muro, de bambú. Tenemos algunos otros árboles, las palmeras a la entrada y también persisten los guayabos. Los naranjos se secaron. Pero observando la imagen de satélite puede contemplarse la singularidad de nuestro pequeño imperio verde en la privada de los pinos. Mi madre estaría feliz de ver que ahora el jardín tiene pasto, que tenemos una composta funcional, que han crecido otras palmeritas, que también tenemos ahora más flores, aunque las suyas ya no estén. Quizá sea tiempo de invertir en otros rosales y otros árboles. Apenas hace mes y medio murió mi perrita Lucha, habitante de esa casa por 7 años, junto a Rita, que también ha vivido ahí y que seguramente abonaron bien el jardín con sus excrementos. A Luchita la enterramos en la jardín y he pensado en sembrar cerca de ella un liquidambar, que mi hermana Luisa tanto quería hace años se sembrara ahí. Los rosales habrá que ver donde se siembran. Pero tenemos un área verde linda, nutrida, amplia, donde descansan pájaros al hacer su recorrido, aunque lleguén sobre todo chachalacas, unas aves muy ruidosas que parecen un tipo de gallina salvaje y escandalosa. Al final se siente bien saber que nuestro anterior terreno basural es hoy un hermosa zona verde.

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