Pornonarcotecnodemocracia

Terror a la escritura

Disfrazo mi ignorancia con el velo de búsquedas extravagantes y poco actuales. Construyo un discurso histórico a partir de nociones, recorridos, autores. Tengo intenciones que no cuajan, tengo otras que perseguir. Me he extraviado en ideas y piezas documentales sin la suficiente profundidad. He visitado portales institucionales. Creo en la existencia de una ecumene digital.

La dimensión de los postinternético es, antes bien que la denominación categórica del fin de internet como supuso Elissa Rashkin, un problema infraestructural. Después de la tecnologización a partir de Internet, el conjunto de servidores que da alojamiento a la World Wide Web, las infraestructuras comunicativas se modificarón de forma tal que ya marcan un antes y un después.

Se cumplieron 18 años del atentado a las Torres Gemelas, al World Trade Center, en New York y las compaginaciones posibles de una ethos pornonarcotecnodemocrático no dejan lugar a dudas en su presencia devastadora, violenta y vigente.

La postinterneticidad ha permitido una proliferación intercomunicativa y ha conseguido asumir agendas institucionales, crear redes de trabajo, aumentar el condicionamiento al comercio libre, incrementar los acervos con documentación digital, consolidar un sistema productivo, ahondar en la textualidad y sus expresiones, en las textualidades. Se trata de una transhistoricidad que permite, en cierta medida, realizar indagaciones propicias para un campo de estudio humanístico, pero también comercial, multiexpresivo (vídeo, cine, foto, píntura, escultura, arquitectura, textualidades, oralidades, performances, pastiches, purismos, cánones, estéticas, ideologías, hermenúeticas, plagios, intencionalidades, teleologías, entre muchas otras elaboraciones simbólicas), lingüísticamente estable, proliferante, con ausencias, pero en términos de www y de deep web, desonocida en absoluto por mí, la activación de lo estímulos textuales abundan y requieren siempre, cada vez en su diálectica de morir y renacer, de una recanonización. En su potencia, además, la postinterneticidad responde a elaboraciones micro y nano tecnológicas, potencias y concreciones de una evolución del pensamiento, o en lugar de evolución constante variable.

¿Qué abarcaría una ecúmene digital escrita?

 

Habría que indagar más que en el fenómemo del alfabetismo grecolatino, en el hecho concreto de lo escrito. Sumeria, China, Egipto, Japón, Corea, Tenochtitlán, Cuzco, el Paraná. habría que pensar en la escritura como una acción simbólica que no se traduce, necesariamente, en alfabeto. Occidentalmente sí, por supuesto. No así en su condición de acto humano. Escribir permite urbanizar, edificar, dimensionar.

Cuando se avecina una tormenta hay una escritura, un signo natural bajo ciertos modelos. Cuando se escribe un mensaje a través de un código en un ser humano hay un proceso de escritura. Cuando se lee un rictus (de placer, dolor, tristeza u otro), cuando se genera la empatía, cuando existe un lazo entre acto-lenguaje-visión-sonido, la escritura está presente.

Lo dejo quizá en el tintero digital. Pero eso sí, postinternético refiere a al modificación infraestructural que aloja, eso sí, nuestros actos en la web.

 

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