Rómulo Pardo Urías escribe

Autopoiesis maternal

7 y 8 de noviembre de 1917 y Lenin, los bolcheviques, el siglo XX. Margarita, te amo. Sí, tú naciste el 9 pero de 1944. Tu primer año, una sorpresa que al mundo aterra. Mamá, te extraño. ¿Dónde quedó la lectura de todos tus materiales rusos, de Marx y Engels, de Latinoamérica, de Trotsky, de la tierra de volcanes que nos heredaste? Madre, me encontré con un erudito español llamado Ignacio de Luzán Claramente de Suelves y Gúrrea. Emprendí una investigación sobre él y resulta que censuró en 1753 un libro de autor inglés, Joshua Gee, sobre la navegación y el comercio británico. Una traducción del inglés, madre, una cosa comercial, económica. Pero mi Luzán fue el más auténtico iniciador de la preceptiva literaria neoclásica. Margarita ¿fuiste invitada por el Papa Juan Pablo II a reunirte con los intelectuales mexicanos allá en los noventas o finales de los ochentas? Quizá como decía mi padre, Rafael, de ti soy un mitómano. No lo sé de cierto, supongo que no te gustaba Sabines. Madre, mataron de Treviño, Ernesto creo, que era tu amigo, que te dió un poemario a leer. Madre, tus papeles. ¿Debería buscar en el archivo notarial donde ubicaste lo de Escandón, su lista de libros, los archivos de su biblioteca? Madre, ¿notaste los libros que leía Escandón?

Como tú me infiltré en ciertos nichos del conocimiento que me han permitido realizar una serie de incursiones temáticas. Sí madre, pienso en una etnografía textual cognitiva. Porque mi Luzán habla de egipcios, romanos, griegos, españoles, portugueses, franceses, italianos. Madre, me volví poeta, sin publicar —falso poeta—, pero tengo este blog. Te extraño. No sé si un día puede volver a ser feliz sin ti. Lo he intentado y ha resultado por momentos. Contigo todo era certeza, seguridad, solución.

1945 fue la rendición de Hiroito, mal momento ese, el de la bomba atómica. Tú, un año. Madre, es muy tremenda Xalapa, no puedo terminar de odiarla ni puedo terminar de irme. Todos los días imagina que tu vida intelectual fue tremenda. Madre, ¿por qué los dejaste? Tuve la fortuna de participar en las tertulias pitoleanas de ópera acá en Xalapa. ¿Conociste a Pitol? Seguro recordarías Nostromo, que el tradujo. Madre… recuerdo Cuernavaca. Fui un niño insoportable. Te quiero.

Ricardo Falomir me dijo una vez que mi ensayo de la educación que tanto te gustó no tenía mucho valor. Pero he seguido escribiendo. Margarita, los años se han ido como agua entre los dedos, el tiempo seguirá flotando después de mí, de nosotros. Recuerdo la Perestroika. Ví a tu alumna, Mónica Villegas. Me contó una anécdota de Don Luis González y González en la ENAh Chihuahua, que le leyó algo en ruso. Madre, estudio en el Colegio de Michoacán y ahora trataré de defender a mi Ignacio de Luzán. Me hubiera gustado contarte todo esto.

Madre, Margarita, ya lyublyu tebya я люблю тебя

 

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