Diario publico de Romulaizer Pardo

Diario público de Romulaizer Pardo 2

Crecer en un ambiente de tensiones ideológicas, de valores culturales divergentes, de posturas frente a la realidad distintas, puede provocar una frustración tremenda. Crecí con una intensa pasión por los deportes, por usar mi cuerpo y desempeñarlo como instrumento físico. Me fascinaba correr a toda velocidad, jugar basketball, soccer, para el baseball era muy malo aunque era uno de mis deportes favoritos para observar en TV. Al tiempo que me fascinaba el ejercicio me fastidiaba leer, pero me encantaba escribir. Desde siempre he sentido una fascinación por la escritura.

Cuando volví a Xalapa en 1991 empecé a practicar Tae Kwon Do. Al final de mi trayectoria lo que fue trascendente de esa práctica no fue el trauma de querer ser campeón olímpico y no llegar si quiera a campeón nacional. Al final lo que quedó en mí fue el desempeño de mi escritura. En 1997 escribí una tesina sobre los cambios psicológicos producidos por la práctica del Karate Coreano y un año después escribí un proyecto de una escuela de Tae Kwon Do y vida para niños. Explorando el tema de la identidad coreana, el problema de la práctica de esta arte marcial, me dediqué a escribir con mucho afán sobre estos temas. Mi década de los noventa fue así cerrándose hasta desembocar en el año 2000 cuando salí de la preparatoria y comencé a dedicar más mi tiempo a leer y escribir abandonando el ejercicio físico gradualmente.

Crecí también en un medio social donde existían distintos productos culturales, sobre todo libros, pues mi madre fue una científica social, antropóloga e historiadora mexicana. Y mi padre como médico distinguido también me ofreció una serie de experiencias muy relevantes.

Mi educación se vio nutrida también por inquietudes muy sinceras, aunque poco exploradas: la poesía, la narración, la búsqueda e investigación. Fui bastante privilegiado también porque tuve acceso a bienes y satisfactores propios de mi clase media.

Hubo no obstante algunos elementos culturales que sesgaron mi visión de las cosas: mi obsesión infantil por los video juegos, el trauma de la mujer pornográfica y la contemplación de pornografía desde los 9 años en adelante hasta hace pocos años, un cierto alcoholismo oculto desde mi niñez, mi falta de sensibilidad para las relaciones humanas, entre otros. Además no fui testigo ni participé de eventos socialmente importantes para mi generación. No establecí con claridad mi deseo por ser parte de mi tiempo de vida, es decir, no vi muchas películas del momento ni escuché a las bandas o grupos de música de aquel presente, no fui a reuniones o fiestas, a celebraciones como el viaje de graduación de la secundaria. Viví un cierto encierro también porque me daba miedo el mundo en muchos sentidos, porque era contestar y crítico.

Me gustaba mucho escuchar música y hacer mis exploraciones respecto al pasado, siempre pensando en los tiempos que dieron fisonomía a mi presente, pero nunca viviendo mi presente. El recuerdo de mi adolescencia, donde invertí tiempo en un noviazgo sólido, en aprender a tocar la guitarra y componer mis canciones, en el deporte, pero también en la escritura.

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