Diario publico de Romulaizer Pardo

Diario público de Romulaizer Pardo 3

El hijo de Marcela Toscano y Mauricio Campillo, Esteban, cuenta la leyenda que un día que yo acosaba a una niña me tiró al piso y me golpeó. Tendría yo 4 años o 5 máximo. A los 9 años conocí a las modelos porno de Play boy. A cada roto mientras fui niño decía tener novia. Eso sí, me gustaban las niñas y tuve varios amores platónicos: en Xalapa Erika Rubí, Karla (y su hermana Daniela celosa de nuestro noviazgo), en Chihuahua, Alejandra, Iraís, Denisse, Johana, principalmente. Al volver a Xalapa en 1991 conocí a María Julia, Vicky, Blanca, amigas de mi hermana, Ximena, Alejandra, Isabel, Violeta, compañeras de la escuela, sin olvidar a Ana Carolina y el amor platónico por Tatiana, la hija de la directora de mi escuela. Hasta que en 1995 creo conocí a Mariana. Era finales de 1995, en Xalapa. Un lugar priísta. Tranquilo en muchos sentidos, más o menos ordenado, muy llevadero y lo suficientemente armónico para crecer. Nosotros vivíamos en la segunda parte de los Lagos en Xalapa, donde en unos años iniciarían la construcción del Arco Sur, el Circuito Presidentes y la USBI de la Universidad Veracruzana. Pero todavía me tocó presenciar el tranquilo camino de la calle 13 de septiembre en la Colonia Isleta de Xalapa, donde en los veranos los chavos del barrio se aventaban al lago para refrescarse, donde se podía andar en bicicleta sin problemas, donde se podía hacer ejercicio, donde la vida comenzaba a florecer de una nueva forma.

A la casa de la Isleta llegamos en 1995 me parece. Ahí me decidí por leer a Yuri Olesha. Ahí aprendí a tocar la guitarra. Ahí me fui haciendo responsable. Ahí construí un cosmos simbólico a partir de Mozart. Ahí escuché duro a Suigeneris, a Los tres, a Rockdrigo y el Tri, a los Beatles, a los Rolling, a Seru GIrán, a Fito Páez, a Pink Floyd, a Yes y a Celia Duncan. En 1996 me hice novio de Mariana después de una historia de amor, romance y empatía muy sincera. Mariana era prima de uno de mis mejores amigos, Jerónimo, pero fue por Mateo, otro de mis mejores amigos, que nos conocimos. En ese entonces canal 5 transmitía la serie de televisión The Beatles Anthology y varias alcancé a ver un episodio con ellos, aunque en realidad terminé quedándome dormido. Mateo y yo estábamos haciendo una exposición sobre la energía para nuestra clase de Física. Habíamos ido a investigar a la Biblioteca Central de la Universidad Veracruzana y recopilado información en libros especializados pero enciclopédicos de mi casa. Debíamos terminar nuestra expo y me fui a comer y trabajar a casa de Mateo. Y después de comer, cuando tomábamos un momento de relax, jugado basket, apareció ella. La madre de mi amigo, Lilia, grito emocionada: —Mateo, mira quién está aquí, Mariana—. Esa noche pasaron otro capítulo de la antología de los Beatles. Mariana y yo vivimos nuestro amor gracias a ese grupo inglés. Pasaron muchas cosas ese invierno. Un día iba a ir a casa de Semati, una amiga y compañera de mi hermana Luisa, donde estaría Mariana, pero no pude ir porque tenía examen o algo así. Temía que Jonathan, un compañero mayor en la secundaria y vecino de Semati, se ligara a Mariana. Temía perderla. Ellos inetercambiaron, se conocieron, estuvieron juntos, pero no pasó nada. Mi amor por Mariana era inmenso, radiante, fulminante, resplandeciente. Y fue así que nos hicimos novios por teléfono. Después, y pocos días antes de su partida a Brasil donde vivía, Mariana y yo vivimos unos bellos momentos en Veracruz, ahí sí en tono más familiar. Mateo fue con nosotros. Recuerdo que en un juego de fut, una cascarita, éramos Mateo, Mariana y yo, contra Jerónimo, Héctor y Mauricio, los primos de Mariana. Al final les ganamos, jejejeje, con un muy buen juego de Mariana y Mateo. Esos días había norte en Veracruz, corría mucho viento y estaba frío. Mi papá, Rafael, era el médico oncólogo del papá de Paty, la mamá de Mariana. Ese invierno en Veracruz Mariana y yo nos despedimos hasta agosto, pues ella vivía en Brasil y debía terminar su ciclo escolar. Cuando volvió a vivir a Coatepec con Marta y su hijo Andrés, Mariana y yo desarrollamos un noviazgo sincero, cariñoso, luminoso y gentil. Duró hasta el año 2000. Después de eso ella tuvo una relación con Adolfo y yo con Claudia. Toda inocencia perdió su pureza y nos volvimos caminantes en este mundo de miserias.

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