Prosaismo desde una distemporaneidad postnacional postmoderna postpornográfica postcolonial postestructural postindustrial postinternética

Tendon de nacionalidades

Bueno, primero que nada pensar. En 1810 Nueva España era mucho más que un conjunto de provincias. La provincia de Guatemala llegaba hasta la actual Costa Rica. Era parte de Nueva España. Al norte la Alta California llegaba hasta el actual Utah y Nevada, con porciones de Colorado. Texas era otro reino y nuevo México también representaba parte del territorio novo hispano. Parece tonto pensar que en 1846 cuando Texas guerreó por su independencia, México como nación más o menos fresca, no tuviera los elementos necesarios —ni prácticos ni ideológicos ni económicos— para enfrentar la debacle de la guerra con Estados Unidos. Pero si en 1898, al finalizar el siglo, Estados Unidos seguía siendo protagonista de las disputas internacionales —con la guerra Hispano-Norteamericana—, la idea de una latinoamérica unida además de rastrearse como una frustración del criollismo, puede verse como la interpretación de una América que atraviesa las fronteras. El latinoamericanismo no restringe la versión del hispanismo, solidificado con la celebración del IV Centenario del descubrimiento de América en 1892. Cuando se publiqué el Ariel de Rodo todo comulgará para una integración hispanoamericana. La intencionalidad de este latinoamericanismo es ampliar el rechazo a las políticas de Estados Unidos y amalgamar una identidad americana que resignifique su colonialismo español para dar parte de una conjunción continental ampliada. La lucha contra el expansionismo americano –de los Estados Unidos— fue una impronta que abarcó todos los debates y circuitos intelectuales expeditos entre 1892 y 1910. La lucha por una identidad hispanoamericana, latinoamericana, fue también mostrando tendencias y paradigmas que representaron escuelas. El problema indígena como base de las discusiones americanas fue crucial.

Pero en los inoculados sentimientos nacionalistas fue la revolución mexicana el primer culmén de la realización utópica de una nación moderna. En 1910 con Madero se llega a la conclusión de que los regímenes oligárquicos no pueden seguir dirigiendo la vida nacional. México se alza como ejemplo político, que 7 años después, en 1917 con la revolución rusa, será el culmén de la expropiación, la desigualdad y la lucha de clases. 1910 en México, 1917 en Rusia. Las relaciones entre una identidad hispanoamericana y una identidad nacionalista se van haciendo presentes. Para 1929 cuando la crisis de Wall Street, existían dos revoluciones, la mexicana y la rusa, que intentaban dar a la población una mejor calidad de vida. Pero también había pasado la guerra mundial y Alemanía, como derrotada, se inclinaba por mantener su producción armamentista y por estimular su conocimiento científico de orden bélico. Así, cuando Wall Steet cayo en crisis, la identidad hispanoamericana se encontraba celebrando la unión del modernismo y la escuela de 1898, en una intriga de ideas, debates y preferencias estilísticas que pueden catalogarse del innovadoras.

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