Gramatopoeticografia y literatocentrismo alfabetocéntrico

Soy un exégeta auto-exégeta meta-exegético

Del exegetismo propio no se evade por ninguna parte en el inerme movimiento de los hilos. El inconsciente aflora en distintos grados y niveles. Una prosa multilingüe aflora en mis pensamientos. No sé escribir francés, me apena. Italiano, menos. No sé distinguir las vocales öü alemanas ni la ë. Es mucho pensar que pudiera intuir el fonema sh ruso hace unos varios años. No, tampoco influenció en esto el interés por Las idiomas. Aunque construí una idiomática demasiado improvisada y poco cierta: no tengo acreditación de inglés en ningún nivel vigente, aunque lo mascullo y ocasionalmente redacto algunas cosas. Tampoco tengo idea de la pronunciación del sánscrito, del hitita-cananeo, del sumerio, del persa. No puedo decir incluso que tenga algún conocimiento sobre estos temas y culturas.

Solo balbuceo y en mi balbucear oscurezco el mundo en un enrevesado discursvismo. Mis motivaciones biográficas y autobiográficas no son símiles. Es más, el individualismo y la particularidad no corresponden con el desempolvamiento existencial. Porque la escritura puede ser entonces como un polvo innecesario, un óxido de vida, un gradual recordación de algo que se va y se queda, que se ha ido. Escribir tampoco sé en español, aunque tengo mejoras.

Mi neologismo siempre fresco estriba en un renombrar indefinido. Y me extravío en el lenguaje. Está mal la ruta, pero sigue viva, del silenciar. Una exégesis puede reprimir sus critografemas al grado de enjuiciar la realidad. Únicamente en su teatralidad. Por ejemplo, la exegemática biográfica es diferente de la autoreferencial. La exégesis no traspasa los límites de un yo representado en yos proyectados de si mismo. Un personaje puede hablar y decirnos de miles de formas sus facetas. Interpretarlas es otra cosa. La exégesis es interpretación, implica escritura y lectura. Interpretación de lo escrito. Escritura-lectura-exégisis-interpretación. Pero este dislocado sistema de análisis no responde a la lógica de la correspondencia directa entre significado y el significante. La realización de un canon inventivo sobre la marcha de dos modalidades en tránsito a la identidad colectiva, del yo en sus relaciones, no puedo conducirnos necesariamente al contextualismo. Sí, necesariamente, a la urdimbre social —familiar, institucional- y a la malla de roles, actividades y redes de sociabilidad.

Mis riesgos siempre están tendentes a una grisura, en este metabarroquismo panfletario. Porque soy un panfleto… ¡llévelo, llévelo! ¡dos por diez! En el Distrito Federal.

 

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