Diario publico de Romulaizer Pardo

Diario público de Romulaizer Pardo 5

Estoy convencido de que la perseverancia puede muy bien dar frutos, aunque en realidad mi constancia como escritor, como poeta, no represente más que una acumulación de textos que muy pocas personas conocen y leen. No soy un autor reconocido, no he hecho algo que para otros resulte meritorio literariamente. He sido un autodidacta, auspiciado por el trauma infantil que me inculcó mi madre pues siempre me dijo que yo no sabía escribir.

Comencé a versificar cosas allá en el año 2000, después de muchas emociones y un proceso que me llevó también a ensayar más o menos. Pero siempre desconocí el territorio de las relaciones, ese es mi parte más débil. Cuando en el año 2002 troné existencial, psicológica y vitalmente, lo único que podía hacer era escribir. Mis cuadernos por ahí están, en esta filia neurótica de preservar una identidad propia. Pero por más que escribía y escribía no entendía nada. Soñaba, me irritaba, estaba en un bloqueo afectivo grave. Escribir sin sentido me ayudó a distorsionar mi percepción de lo estético y crear un estilo propio: irreverente, dislocado, incomprensible. Y entre el año 2000 y el año 2010 tuve la fortuna de estudiar, aunque sin terminar, antropología social y lengua y literatura hispánicas. Y estudiaba porque me gusta escribir, obviamente porque también me interesan los temas humanistas y sociales. Pero me ha faltado el guía, el apoyo, el pilar, el sostén, para mi escritura.

No entendía para nada que durante esa década se fortaleció cada vez más la institucionalidad de lo creativo: becas estatales, nacionales para creadores, grandes círculos de personas inmiscuidas en el terreno de la creación literaria, procesos a los cuáles no tuve acceso o renuncié de entrada. Por ahí en alguno de esos años una querida amiga me dijo que tenía mis lectores, seguro los tengo. Y no interesa tanto mi comentario como crítica sino como la falta de aceptación de mi gremio. Al final terminé estudiando historia y ahí he hecho cosas. Pero no dejo de escribir.

Mis libros al parecer han sido editados por editoriales de dudosa reputación, al menos 2 de ellos. Y no hay forma de saber cuál será mi próxima desilusión literaria. No mando mis textos a revistas, nunca creo llegar a ser publicado en ellas, ni mis poemas, ni mis cuentos, ni mis ensayos. Porque esa es otra de mis desventajas: ahora el gremio de la literatura está cada vez más particularizado en géneros. Un buen poeta escribe poesía y ya. Un cuentista cuento, nada más. Un ensayista conspicuo solo se dedica a la indagación ensayística. Y además hay que considerar estar al día, mantener vigente un sentido de modismo vitalismo. Yo no y pago las consecuencias.

 

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