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Lectogramaticidad no es lo mismo que Lectoralidad

La capacidad de leer no es exclusiva de la escritura. En la idea cultural del alfabetismo-aritmetismo, sí lo es. Para el alfaetismo-aritmetismo leer es escribir y escribir es leer. La lectoralidad es cosa distinta. Se pueden leer símbolos y signos de distinta índole si necesidad de un alfabetismo-aritmetismo, es decir, en la oralidad hay lectura. No puede haber oralidad sin lectura, no exclusivamente en términos kinésicos, corporales, actitudinales, conductivos, expresivos, entre otros. La lectura en la oralidad tampoco es restrictiva.

En la escritura, además, no es necesario el sistema alfabético para la lectura. Existen diversos tipos de escrituras no alfabéticas. Lo que sí es verdad es que no puede haber escritura sin lectura, igual que no hay oralidad sin lectura. Quizá uno de los rasgos más complicados en la adquisición del lenguaje sea la de leer. Porque leemos cuando escuchamos la lengua materna: leer es descifrar el código comunicativo.

El alfabetismo-aritmetismo es propio de la modernidad occidental en sus distintas acepciones y como parte del proceso cultural del auge de la imprenta y la cultura escrita. La amplia diacronía de esta modernidad occidental  justifica la consolidación del alfabetismo-aritmetismo como estructura cultural hegemónica. Y este alfabetismo-aritmetismo se sustenta en el desarrollo temporal e histórico de la lengua. La dimensión por ejemplo de la lengua latina como elaboración culta que desemboca en las lenguas romances es una pauta para también asumir un alfabetismo-aritmetismo como el del trivium/quadrivium aunque en la Edad Media no se tratara de un modelo socialmente distribuido, sino de una especialización y particularidad de sectores sociales restringidos.

El alfabeto, por otra parte, en su romanceo gradualmente se va adaptando a los cambios de la lengua, hasta instituirse y alcanzar una plenitud cultural. En las culturas nacionales, por ejemplo, el alfabetismo-aritmetismo es principal, pues a partir de hitos, enclaves y símbolos, se construyen identidades imaginarias que soportan conjuntos sociales amplios.

Las sociedades ágrafas y orales no representan culturalmente un atraso, por otra parte, en términos de ejercitar modelos simbólicos, culturales, sígnicos, como constructos de conocimientos legítimos más allá de su validez escritural alfabética. La lectoralidad es, en contra parte a la lectogramaticidad, una capacidad articulatoria de las condiciones vivenciales, pragmáticas y experienciables del lenguaje en una comunidad de hablantes. Si la escritura reifica la lengua, la lectura la revive, mientras que en la oralidad la lectura se ejerce todo el tiempo, más bien en términos de los intercambios comunicativos y de los horizontes de sentido que atañen a sociabilidades rituales, a eventos de la vida cotidiana, a hechos trascendentales en la vida (matrimonio, sucesión filial, muerte, entre otros). De esta forma la lectoralidad no es igual que la lectogramaticidad pues la lectura en lo oral es agónica, recordando a Ong, y en la escritura es extensiva y extendida.

 

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