Gramatopoeticografia y literatocentrismo alfabetocéntrico

Yo también habré de equivocar mi interpretación

No es tan simple hablar de España. Existen muchas expresiones de lo español. Entender un peninsulismo ibérico no puede reducirse a su interpretación mexicana. Si México no puede reducirse a la herencia española, España no puedo reducirse a la potencia militar, conquistadora e imperial. También es falaz hablar de la monarquía pues resulta anacrónico en términos políticos. ¿Qué puede definirme España? Tampoco incluso la idea de lo Español en el corpus luzaniano. Mucho menos la historiografía del corpus luzanista. Tampoco un intento filológico en una diacronía de modernidad (1492-1808). Ese arco temporal tampoco definiría, hipotéticamente, lo español. ¿Las empresas castellanas podrían definirlo? Me ha sido reiteradamente mencionada la distinción de reinos (Aragón y Castilla-La Mancha), lo que refiere una intra España al menos entre 1492 hasta la unificación nacional española de 1812.

La macro estructura modernidad no soporta entonces más que el proceso nacional español con quiebres, rupturas, intencionalidades y nodos. Si en nuestros días pudiera sentenciarse a Alejandra Moreno Toscano por su participación en el desastre de la estatua ecuestre de Carlos IV, su perspectiva de una ciudad de México con migraciones regionales y ubicación en barrios definidos dentro del plano capitalina virreinal, son ya también elementos historiográficos rebasados.

Mi interpretación habrá de estar equivocada en esta tropelía sin nombre, porque en la influencia recíproca entre objeto y sujeto, no existe una referencialidad inmodificable, ni en términos territoriales ni en términos culturales ni ambientales ni geopolíticos.

No hay una España unívoca ni en su nominalidad propia o toponímica, aunque sí existe, para la nación mexicana, la idea del “gachupinismo”, contra parte del españolismo americano, criollismo o americanismo latinoamericano del siglo XVIII.

La Iberia no es igual al Califato de Córdoba ni tampoco a Castilla o Navarra ni Galicia ni el mediterráneo alicantino o catalán. Sin extremar las condiciones de intra nacionalismos etnopopulares ¿qué es España?

Opositivamente caemos en México en este antagonismo cultural, eidético y tradicional  frente a la “madre patria” o España, cuando nuestra mitología cultural instituida arrancó historiográficamente en el siglo XVIII con el rescate de las antigüedades mexicanas. No es exclusivo de Clavijero con su Storia ni del desentierro (a diferencia de lo que sería un descubrimiento) de la Piedra de sol en la Ciudad de México, como tampoco los aportes de Veytia o las asociaciones de Alzáte con la Academia de Ciencias de París o el diarismo de Bartolache y cierto cientificismo harto ya verificado.

También mi interpretación habrá de estar equivocada respecto al autoexilio académico de la intelectual mexicana Margarita Urías Hermosillo. Su antagonismo pasional con Aguilar Camín, su rechazo de Paz, su regionalismo y campiñismo, su estilo vaquero, su sonrisa, sus alardes y fanfarronadas, su genialidad, su severidad, su todo ella ser luz.

Y pido disculpas a Luis Aboites por extender mi voz en una linealidad escrita poco convincente, pido disculpas a la Dra. Esther Martínez Luna, por mi estrafalaria forma de comunicación, pido también disculpas al Dr. José Antonio Serreno Ortega y a su compadre Juan Ortíz Escamilla, mi inexcluyente intromisión en cuestiones identitarias. Pido disculpas a mi primer gran mentor intelectual, mi antropólogo predilecto, Ricardo Falomir Parker.

Solicito el perdón de Mariano Báez Landa, también de David Islas Bravo, igual que de Raciel Dammon Martínez. Pido perdón a Gabriel Álvarez, pero también a Joaquín del mismo apellido, como a José Checa o a Francisco Aguilar. Pido perdón en mi intentona interpretativa de distorsión.

Una de las cosas más complicadas y difíciles será la deuda contraída con Guillermo Carnero, el miedo de viajar a España, la responsabilidad doctoral, el inquieto palidecer de esa visión lúdica de la guerrilla. Wheres the drama, girl? Perdón a Scott Robinson, por su intuición sobre internet, perdón a Don Gonzalo Aguirre Beltrán, a Guillermo Bonfil, a Don Alfonso Caso, a Don Luis Rico, a Don Manuel Gamio, a Oscar Lewis, a Eric Wolf, ese desconocido. Perdón a la escuela, perdón por esta filia.

Margarita después de dar a luz a Emiliano, volvió a ser madre gracias a un médico divertido, deportista y bebedor, bonachón, seductor más que galán, un tal Rafa, Rafael del linaje Pardo papanteco, y del linaje Tejeda alvaradeño. ¿Qué Veracruz pinta Urías Hermosillo en sus recorridos documentales? ¿Cuáles figuras sociales se perciben en su investigación? No excluyendo el debate de Van Young sobre la historia cultural y económica, el Veracruz de Urías Hermosillo muestra nortes y directrices para proseguir en su análisis y discusión? El anacronismo es evidente y notorio, porque la discusión sobre la etnia, la nación, la patria y el propio Manuel Escandón que ella plasma, se quedan en el umbral del siglo XXI.

Y como no olvidar su arranque de furia cuando encontró en la casa el libro de Ángeles Mastreta Arráncame la vida o esa hollywoodización mexicana, sí, siempre en fuga Don Salvador Toscano, padre difunto de la mejor amiga de mi madre, mi Marcelita Toscano. Perdón Doña Anita Brenner, perdón Doña Pita Amor, perdón, perdón, perdí.

Ya fue mucho disculparme en esta ocasión, insisto, porque recién leí a Cadalso, la vida aflora nuevamente.

 

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