Blogging poético

Retablo indigente

Sola canta la brisa de los tiempos
una tentativa desilusionada:
locuaz emblema de complicidad
el acurrucarse en las fauces del silencio.
Los enquistados móviles de la refriega
esparcen tumefactos recuerdos.
¿Qué de los astros nos inunda
si de las profundas oscuridades
nos impele la magia y el tedio?
Mitades rancias de la fabricación
estúpida nos hacen convalecer 
en el arribismo de los instantes.
Un horizonte de otredades,
ya de fijo siniestro maremoto de emociones,
convita a huir a la insufrible fatiga
del ser tostado en nimiedades.
Oasis demacrado el artilugio de los soplidos
donde esparcieron sus cenizas
las treguas ingentes de la desdicha.
Por el riel de los candados eternos
la balanza compone los controles
dentro de cristales que soportan
el puntiagudo marfil de la catástrofe.
¿Nos escinde la silueta de la torpeza
esta terrenal sombra de generaciones?
Nada consigue indicar el día y la noche
porque al cabo de los rituales el enigma
del ser consagra la lucha de los opuestos.
Una revoltura, siempre acaso galope de puños,
derrama un atisbo sanguinolento de olvido. 
Encapsulada la esperanza nos ataca en su derredor
como jaguar amenazado, porque nosotros, 
siempre nosotros, creemos conquistarla. En cambio
nos ocultamos en ella todo el tiempo. 
Salivamos el amor cuando lo tenemos
pero los enlaces de nuestro rayo
imantan cuerpos y fantasmagorías. 
Tentamos el cráneo del reloj contra el espejismo
de la vegetación psíquica
como dejamos un libro olvidado en el transporte
colectivo. Nos apoderamos del tremendo corpúsculo
que fabricamos llamado vida y en su devenir,
en su quebrantamiento, nos persigue siempre
el instinto de lo desconocido. Importa
como la leche en la ordeña
saber nombrar lo indescriptible e inenarrable
como importante es asumir que la lluvia del cielo
imanta el origen de las religiones. 
Nuestra naturaleza constriñe lo natural
pero nos induce al cementerio
y la voz del torbellino masivo
escupe en nuestra pantalla átomos de cosas
que no podemos confirmar.
Entonces, en una mirada, excavamos 
nuestra memoria y refugiados en imágenes decoloradas
los grises mares de la soledad esparcen su mancha
en nuestras almas. Caemos, olvidamos, surcamos territorios
pero no podemos volar. Simulamos entonces el viento
que nos habita y en el rescoldo de la impaciencia
la conquista permanece como hazaña:
una totalidad que decimos cultura nos enajena
y nos libera, como si en el remanso del llanto
estrujáramos la boca misma de cada amanecer.

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