Blogging poético

Sentidos del nombrar

Trajes chinos

La no palabra esconde
una potencia lejana o cercana
según se vea: signos ocultos
dentro Del Río del lenguaje
fabrican colmenas de ideas.
La imperfección de lo dicho,
en cambio, sojuzga al hablante,
porque en la campiña de su aliento
existe algo que se traduce
en una receta o esperanza.
Lo no dicho esparce miedo
u olvido, siembra rencores
o fastidio, logra incrustar
en el alma, la simple atmósfera
de lo cotidiano. En sí la palabra
comulga con el cuerpo y el universo
porque esconde un acto amado y común.
Sin hablar se engendra una oscuridad
a menos que sea un no diálogo luminoso,
porque callar también es un escondite
o una celda: de emociones, de vivencias,
de miedos y temores, de rabia e impotencia.
Nombrar es en sí un acto de purificación
dentro de la mazmorra de la realidad
que nos acomete con descaro. El nombre
entonces, que no tiene que ser escrito,
prefigura una esencia robusta
y amalgamada con nuestros iguales.
¿No es decir sus horizontes el acto mismo
de expresar los límites del silencio?
En el trajín de las palabras, sin duda,
también podemos perdernos. Pero esquirlas
de significados nos arriban
como embarcaciones al puerto
del pensamiento… caemos entonces
en la cuenta de que sin nombrar y sin decir
podemos perdernos igual que nombrando
y diciendo. Salvo la iluminación, que rompe
todo ruido, el lenguaje nos expone
sólido ante el confín incierto de las interpretaciones.

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