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Cuentos astronómicos I

Pedro Bravo Martínez

Sección Voces paralelo-alternativas

Es tierra de espectadores
del cosmos en la llanura 
y de un sol que sin mesura
nos obsequia sus fulgores,

De luna cobija – amores
con mil estrellas por manto,
de ríos que tiene por llanto
el grito de guacamaya,
del mar que ruge y estalla
en voces de flor y canto

“La tarde languidecía en tonos rojizos que se adherían como pátina cobriza sobre los artísticos y coloridos muros de templos y palacios. El destello plateado de la luna jugueteaba sobre el suave oleaje del lago que fluía por los canales de la ciudad impulsado por el aliento de Ehecatl – Quetzalcóatl presagiando la noche. El traquido de ramas y ocotes en pebeteros y braceros centelleaban y el aroma de copal se filtraba por cada poro de la ciudad. El ritmo ceremonial del sonido grave y profundo del huehuetl se entretejía con el diatónico teponaztli formando frases vivaces acompañadas por el golpe corto y mate sobre el caparazón de tortuga y el acuoso gorgoreo de trompetas de calabaza. Al fondo de la armonía, el arenoso chasquido de sonajas y cascabeles jugando la posición de bajo continuo. Todo engarzado en baile, canto y poesía, urdían la atmósfera necesaria para que, al día siguiente cuando el “Señor ande derecho, cuando se coma su sombra”, justo a mediodía, cuando el sol llegue a lo más alto de la jícara celeste, la multitud reunida en la gran plaza festejara el establecimiento de su ciudad; la gran Tenochtitlan, fundada un 26 de julio de 1325, en el año II Calli, en el segundo paso del cenit. 

El bullicio de la fiesta se esparcía envolviendo a la ciudad en una especie de bruma de aromas y notas musicales que, lentas y persistentes se infiltraban al palacio como si tuviesen el único propósito de penetrar la habitación oscura de muros y piso de basalto negro pulido, sin ventana alguna que permitiese el paso de la luz o sonido; era la “habitación denegrida”[1]. En su interior, sobre una estera de madera caoba, finamente pulida y vestida con regios petates mixtecos, después de meticulosos días de abstinencias, se encontraba el señor, el gran señor, el Huey Tlahtoani, Moctecuhzoma Xocoyotzin en profunda meditación y en medio de recuerdos e imaginarías, sumergido en lo más íntimo de su ser con la idea de fusionarse con el todo, con ese punto central donde lo indivisible emana y que corresponde a Tloque Nahuaque, Ipalnemohuani, lo que está cerca y junto, dentro y fuera, aquello por quien se vive, noche viento, Moyocoyani, lo que a cada instante se inventa a sí mismo. Fundido en ese latir que viene del pulso del corazón y se agolpa en la cabeza como sonido silencioso que pareciese el canto agudo de millones de chicharras. La sabiduría ancestral manifiesta, el conocimiento del ser interno, de la curvatura de la jícara celestial, del ciclo de los días y noches, de los meses, del año, de la inspiración y la exhalación, de la luz y la oscuridad, del pulso del tiempo, del universo.”[2]

– Una imagen similar a la que se recrea en líneas anteriores quedó impresa sobre un petrograbado de los acantilados del cerro Chacaltzingo, Morelos, 700 o 500 años antes de nuestra era y es catalogado como el petrorelieve número I (Fig. 1), llamado El Rey, perteneciente a la cultura Olmeca  y en el que se muestra, en escena solemne de contemplación, a un personaje sentado en el interior de un “nicho encuevado convertido en la boca de jaguar” (Caterina Magni 2008: 254) encima del cual hay representaciones de nubes, rayos  y gotas de lluvia cayendo.

El paso cenital ocurre 2 veces al año, en la Cd. de México ocurre los días 17 de mayo y 26 de julio. Fenómeno astronómico esencial para la medición del tiempo en Mesoamérica. Nuestro símbolo nacional, el águila posada en el nopal, es precisamente la representación del sol en su máximo esplendor, el segundo paso cenital.

Los recuerdos empezaron a caer unos tras u otro, vívidas imágenes de su juventud lo transportaban a los tiempos en los que su amado tío Tizoc, le develara los secretos para la observación de los astros, sus periodos, incidencias, conjunciones, eclipses. No había secreto alguno que le ocultara; era su alumno preferido, aunque con cierto carácter colérico, exigente en demasía, eran cualidades ideales para la responsabilidad de un astrónomo. Sin embargo, el proceso educativo fue suspendido; la vida del Tlahtoani Tizoc, fue arrancada por las insidias del terrible Tlacaelel. 

Petrorelieve número 1; llamado El Rey (Fig. 1).

[1]La llamada Casa Denegrida fue un hallazgo reciente (2008) bajo los cimientos del edificio Museo Nacional de las Culturas de la Cd. de México, que formó parte de las Casas Nuevas en los restos del palacio del emperador Moctezuma, cinco palacios intercomunicados, con grandes plataformas. La Casa denegrida fue llamada así por el color negro y la ausencia de luz que presenta. A este lugar se retiraba el emperador para meditar y reflexionar.

[2]Párrafos correspondientes a la novela “Historia de una pasión: Tenochtitlan” en proceso y propia autoría.

Comentario

Un cuento de iniciación enunciativa al universo tenochca, a la simbología del sol para la astronomía mesoamericana. Un relato mínimo y parte de un proceso creativo. La silueta del panteón religioso, la valía de la observación astronómica, hacen pensar por ejemplo en un observatorio como el de Malinalco, dentro de una región cercana al centro mexicano. El silencio y la vida, no combinan aquí con la oscuridad en sí, sino con el baile, la poesía y el canto. Es la alegría de paisajes florales y vegetales, de la danza pulcra y de las cántigas, como las de Nezahualcóyotl. Una contribución cultural para este espacio que arranca Voces paralelo-alternativas como nueva sección en el Weblog Romulaizer Pardo México Códice Digital.

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Publicación de la sección cada sábado, una publicación por semana.

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