Gramatopoeticografia y literatocentrismo alfabetocéntrico

Autodesclasamiento

La sociopatía, la sociofobia, la acracia, en una nulidad racional permiten distinguir comportamientos más bien contrarios, de subjetividades colectivas, comunidades, círculos y esferas donde la ocurrencia de los hechos librarios responde a una materialidad en circulación.Desclsamiento distemporáneo, el mismo estilo en su circunscripción a aun especialidad derruida y poco fiable? Desclasamiento socioafectivo como una rampa torrencial de millones incontables de formas expansivas. Cuando leemos a Habermas, lo hacemos a través de España y sus ediciones. Cuando leemos en otro sentido a Dilthey lo hacemos mediante traducciones mexicanas, por ejemplo. La importancia del establecimiento de un grafolecto mexicano ¿parte de esa distemporaneidad? ¿De ese destiempo? ¿Contratiempo? ¿Descontemporaneizador? Un presente donde no hay tiempo ni computación proclive a una dotación exhaustiva mediante el uso de sistemas catalográficos mundiales, nacionales, regionales, entre otros. Hermenéutica, antropología y literatura: ¿pueden relacionarse?

Socioimágenes

Los libros cómo objetos de valor simbólico, lingüístico, histórico, social, económico, entre otros, son lo suficientemente amplios, en ciertos casos también accesibles en formatos digitales, con como para conseguir mostrar no exclusivamente un ambiente cultural, eidético e ideológico, social y mercantil, sino para hacer investigación histórica conceptual, económica, social, de los intercambios y de los tipos de bienes de consumo en una organización monárquica burocratizada como lo fue la sociedad borbónica del siglo XVIII. ¿Qué decir del hecho «ilustrado» cuando el siglo presencio el cambio de estilos que van de Boileau a Lessing, de Swift a Burke, de Vico a Pestalozzi, de Sor Juana a Lizardi?

¿Naciones y nacionalismos? indicadores de una cronología falaz por repentina y de poco fiar. Pero realmente se puede apartar de un hecho bibliófilo. La conformación del destiempo trasciende el reciclaje monumental: una diagonalidad con tramos de informaciones en un intento de establecer una infoteca personal. Lo distemporáneo como lo actualizadle, un tiempo distinto, una órbita de actos divergentes, un sociofluir que enmarca las directrices de pueblos, tiempos, espacios, objetos, mercancías, esferas de circulación y un largo etcétera de instancias. Desclasarse es una forma de asumir elaboraciones expandidas, con una concepción del espacio-tiempo y, dentro de ese marco, una interrelación de redes, estructuras y hechos. Desclasarse no es un recurso resistente, es, más bien, un recurso inscriptibo. Desclasificación en su máxima expresión.

Intertextualidades soporíferas

Descampar el desasosiego, en otras palabras, desendicar la razón, quitar ciertos diques interpretativos y dejar otros. Cuando una apuntala elementos que pueden ser productivos interpretativamente, como el discutir el análisis conceptual, repasar aspectos disciplinares básicos para la educación superior, aglomerar un conjunto de formas de saber textual, entre otras elaboraciones, es posible ubicar nuestra educación alfabética, nuestras restricciones interpretativas y nuestros límites disciplinares. ¿Qué ocurre con el alfabetismo nacional? Descampar o la tabula rasa ¿nos ayudarían a desclasificar el intento de reclasificación? La singularidad inter-discursiva en su modalidad inter-textual asume una distinción inoperante, la idea de originalidad y la separación entre disciplinas. En nuestro presente ¿estamos frente a otra episteme? Tal vez la del «hommo postinterneticus». Dos décadas son suficientes para ver crecer otra generación, aunque tal vez tres sean un lapso suficiente para el modelo completo. Episteme postinternética, digitalizada, el soporte que nos permite acceder a una multiplicidad de redes conectivas y en conexión.

SI pensamos en una episteme postmoderna ¿nos enlazamos a un atradicionalismo? Por supuesto que no. La postmodernidad como hecho histórico pasó y tuvo sus formas de conocimiento, elaboraciones narrativas y tendencias de análisis. La no episteme postmoderna se conjugaba con el rol crítico de la ciencia por encima del rol ideológico de los meta-relatos. Pero Lyotard es de 1979. En su análisis hacia la posthistoria, sin olvidar a Fukuyama, existieron todo un conjunto de prácticas intelectuales, modelos académicos, ideologías, alcances televisados. Si se re-edita El discurso filosófico de la modernidad de Habermas, el punto de quiebre debe ser En el interior del capital de Sloterdijk de 2007, en reedición también. Pero si averiguamos en la distemporaneaidad es demasiado difusa la contemplación. todo está siendo disgregado, selectivo y aglutinador, al mismo tiempo.

Pantallismo

Estamos en una época donde lo escrito pasa por la pantalla, bajo una proliferación de objetos textuales, de discurso escrito. Vivimos en la hyper textualidad, en la paleotextualidad, en la textualidad y el discurso escrito. La diversidad alfabética interesa para nutrir el hecho de un artefacto, una invención, que modificó las capacidades humanas. Es, me atrevo a decir, la primera actividad virtual del ser humano, la traducción a escritura de representaciones, sonidos, símbolos, signos, iconos, entre otras expresiones. Y esta textualidad se presenta mediada por las pantallas. Vivimos, exagerando el análisis de Subirats, en una época donde el pantallismo define nuestras interacciones escritas.

De inicios del siglo XXI este material de lectura

La tecnificación de la vida humana mediante el pantallismo diverso (celulares, tablets, computadoras, televisiones, kindles, lectores de libros, entre otros) no es más que una hecho sociocumincativo derivado de la ciencia neoliberal de finales del siglo XX. La episteme postmoderna no es más que una más dentro de las modalidades del conocimiento en nuestro presente. Su rechazo o aceptación dependerá también del mayor o menor conocimiento de las tradiciones académicas e intelectuales en todo el universo global. Sin duda, el alfabetismo traspasa la lógica fonética, evidencia una realización cultural urbana de registro (comercial, jurídico, sociohistórico) pero también conecta con un tipo de devenirEscrito. Los silabarios alfabéticos (hebreo y árabe) nos remiten al desarrollo alfabético a partir del año 3500 a. de C., transitando al hebraico y árabe, al griego y romano, al línea B y de ahí a las lenguas romances, sin contar el alfabeto cirílico, el alfabeto alemán y el alfabeto inglés, entre otros. En el decurso de las lenguas romances la Gramática de Nebrija de 1492 define un idioma castellano imperial. Para el siglo XVII tenemos un grafolecto hispánico condimentado por la Historia de España del padre Jesuita Mariana, donde la conquista de este grafolecto fue emprendida en América por Sor Juana Inés de la Cruz, Carlos de Sigüenza y Góngora, el obispo Juan de Palafox y Mendoza, el padre Eusebio Kino el padre Agustín de Vetancourt con su Teatro mexicano, además de Juan Ruiz de Alarcón. Dentro del siglo XVIII el grafolecto hispano-mexicano fue cultivado por José Eguira y Eguren, Francisco Xavier Clavijero, Villaseñor y Sánchez, Alzate y Bartolache, Cancelada, Lorenzana (cuando reedita la Cartas de relación de Hernán Cortés), Alegre, Veytia, Soto y Gama, entre otros. El desarrollo del grafolecto hispano-mexicano en el siglo XIX pasa por la controversia respecto a la escritura de ‘Mexico’ o ‘mejico’, con ‘j’ o con ‘x’ en donde la fundación de la Academia Mexicana de la Lengua es primordial. En el siglo XIX Lucas Alemán y la historiografía conservadora se inclinaran por escribir ‘Méjico’ mientras los liberales escribirán ‘México’. La hispanofobia liberalismo mexicana, con fray Servando Teresa de Mier a la cabeza, fue acorralando las expresiones del significado negativo de ‘España’ en México, cuando en la península no se reconoció la independencia mexicana hasta 1836. El significado de lo españos varía a partir de 1898, pero en México estamos seguros que para 1910 había vestigios hispanistas sólidos en los miembros del Ateneo de la juventud (Vasconcelos, Reyes, Caso, entre otros), pero además de la mano de la estancia y labor de intelectuales como el dominicano Pedro Henríquez Ureña, el español Rafael Altamira, el uruguayo José Enrique Rodó, en donde surge el constructo de la hispanidad. Pero para las primeras décadas del siglo XX hay que poner en el horizonte a la escuela lingüística de Praga, con el desarrollo del estructuralismo (ruso, eslavo, francés, suizo, español, alemán, neerlandés, inglés) y una nueva lógica en la composición eidética, sociointelectual y cultural mundial.

Desclasamiento/Desocialización/Desdemocratización/Desindividuación

El desclasamiento remite a una desclasificación, un desclasificar los hechos. El tema de lo escrito hispano-mexicano remite a la elaboración del México imaginario de Bonfil Batalla, a la «cultura letrada» que varios autores reconoce como originaria de las relaciones culturales, sociales, económicas e ideológicas del México nacional. Pero este México imaginario es también hispanófobo, es contraria a loas «gachupines», es anti-español. Sin embargo, el liberalismo del siglo XIX no deja lugar a dudas de que en el grafolecto hispano-mexicano, la existencia de ausencias historiográficas es suplible por los lugares comunes.
Para 1898 se constituye un nuevo imaginario de España, una nueva realización (lexicográfica, geográfica, lingüística, política, cultural, económica) de lo español, al tiempo que surge el ‘hispanoamericanismo’ y se crea el concepto de hispanidad. En este intervalo hay Congresos Internacionales, reuniones, actos protocolarios, intercambios instituidos y todo un séquito de actividades que dan fisonomía a ls relaciones entre España como nación y sus antiguos virreinatos: Colombia, Argentina, Chile, México, Perú, Cuba, entre otros.
En 1910 se celebra el centenario de la «independencia mexicana» aunque se traté de una celebración inserta en un autoritarismo porfiriano. No obstante, los personajes del momento (Justo Sierra, Ives Limantour, Rabasa, y los revolucionarios Azuela, Yañez, entre otros) dan cuenta de las distintas intencionalidades en la construcción de un discurso escrito mexicano. El desclasamiento importa por que expande las lindes de las disciplinas, en este caso de la hermenéutica, la antropología y la literatura, mostrando distinciones étnicas en la construcción de los discursos escritos, diferencias no muchas veces advertidas. Esto nos lleva a la desocialización o la nulidad comunicativa, el hecho de no compartir los escuetos trazos de investigaciones, indagaciones y vestigios de un otrora tiempo-espacio colonial imperial. España en 1810 era algo muy distinto en su referencia geográfica al territorio castellano, peninsular y europeo, pues abarcaba una fuerte porción territorial Americana. LA descocialización nos induce a incrustarnos en una materialidad electrodigital, en la búsqueda de una paleotextualidad, una textualidad antigua, donde el paleotexto, el texto antiguo, debe ser descifrado, estabilizado y analizado. Por ello desdemocratizar implica romper los sesgos elitistas de la cultura para dar cuenta de las asociaciones colectivas y de las intencionalidades individuales, muy bien representadas por los artefactos librarios, escritos e intelectuales. Pero en la afirmación se encuentra la negación, desclasar es algo posterior a haber pertenecido a una clase, quitar lo clasistas en posterior a ser parte de la urdimbre social. Desocializar es haber socializado, haber compartido, haber sido parte de lo común y lo colectivo, pero en el punto de ruptura la desocialización conduce a una secrecía, a una interiorización particular. Y el desdemocratismo impele a un principio de autoridad, a una elección autoritaria, a una principio de no representatividad sino de ejemplaridad. Por ello des individualizar es también romper la lógica de lo atómico e inscribirse en la lógica de lo conjunto, en paradoja con lo social y lo democrático, que irrumpen como formas colectivas, mientras que la desinvidiuación genera lógicasaislantes, sociales y anónimas.

La infoteca global, el «hommo postinerneticus» y la electrodigitalidad

Vivimos en el pantallismo y también en una especie de ambiente mediatizado por interfases. El hyper texto en algunos casos es paleotexto o texto antiguo. La democratización del conocimiento conduce al conocimiento de fuentes antiguas que otrora fueron modernas. ¿Cuál es el papel de la historiografía en estos acercamientos? La escritura responde como hecho cultural, como instrumento, como huella.
Definir lo escrito pasa por estas maneras de establecer su significado:

Sampson (1997): “comunicar ideas relativamente específicas por medio de marcas permanentes y visibles” (p. 37)

Cardona (1999): “Se tendrá escritura cuando se esté frente al uso de un sistema de signos gráficos” (p. 25) Su “esfera […] es la producción y el uso de sistemas gráficos con fines comunicativos” (p. 24)

Ong (2002): “un sistema codificado de signos visibles por medio del cual un escritor podría determinar las palabras exactas que el lector generaría a partir de un texto” (p. 87)

Tusón (1997): “la escritura es una técnica específica para fijar la actividad verbal mediante el uso de signos gráficos que representan, ya sea icónica o bien convencionalmente, la producción lingüística  y que se realizan sobre la superficie de un material de características  aptas para conseguir la finalidad  básica de esta actividad, que es dotar al mensaje de un cierrto grado de durabilidad” (p. 16)

Por ello podemos remitir al hecho de que lo escrito (nominal y no-nomial) refiere a una condensación de otredades materiales que quedan registradas en lo electrodigital. Lo electrodigital es pues una metafísica textual, internéticamente accesible, multifocal, multinacional y multiregional, que conmina a la elaboración de proyectos culturales múltiples.

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