Encrucijadas intelectuales
componen vestidos ideológicos
contra el sin número de letras
que rompen las orillas del silencio.

Como cabalgatas de enigmas
los instantes consagran
una conflagración de mutismo
porque al día estamos hartos del sin sentido.

Entre los paños esbeltos del conocimiento
lánguida la voz se envuelve
y vuela hacia los maremotos
del significado intrínseco de las figuras
eidéticas, de los nombres y las fechas.

En una visión quebrantada escribimos
los años y las noticias de estaciones y veranos
porque inseminamos nuestros ojos
con palabras y germinan en nosotros
múltiples elaboraciones que nos dicen
cómo fueron los tiempos y quiénes los personajes.
Pero en la conquista de los soles y del fuego,
de las canciones y los asados, en la conquista
de los ríos y los mares, escondimos silentes
el arrecife negro de tintas y alfabetos.

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