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De la autoinconsciencia hispánica y un latinoamericanismo unido

El problema de la hispanofobia y la hispanofilia en su maniqueísmo no distingue divergencias en los procesos mentales y representativos del imaginario hispánico en América. La sentencia anti-española también se sostiene en un conjunto de privilegios que no modifican la realización de proyectos históricamente elitistas. ¿En qué consiste una autoinconsciencia? Más que en una simple querella de tipo literario o documental consiste en la dificultad para asumir una postura coherente respecto a uno o varios hechos. ¿En qué consistió la unidad monárquica imperial hispánica? En la encrucijada de los referentes culturales es imposible disociar lo español de lo católico, aun cuando la versión protestante de la historia indiqué sus fracasos. España también es indisociable del gobierno monárquico, aunque no tenemos en claro las dificultades para hablar de una monarquía pasada y otra presente. ¿Qué sabemos de España? Y es también en el afán ínter-institucional donde se pueden elaborar relatos de conocimientos mucho más matizados que el simple maniqueísmo anti y pro españolistas.

En el imaginario latinoamericano es posible comprender las divergencias con otros imaginarios transcontinentales como el Iberoamericanismo o el Hispanoamericanismo, siempre bajo el modelo distintivo del Angloamericanismo. Pero en la historia americana cabe hablar de otros tipos de expresiones y formas de elaborar los distingos culturales (en algunos casos nacionales y lingüísticos, en otros étnicos o sociales) pero los esquemas nos invitan a una elaboración de relatos que abarcan distintas disciplinas. La historia de las minorías étnicas puede ser bien contestada por los antropólogos y etnólogos, pero acaso la historia religiosa e institucional puede esbozarse por historiadores, literatos, sociólogos, economistas. La historia de las formas culturales, que trasciende el espectro fino de lo particular sin caer en generalizaciones burdas, también responde a flujos e intercambios, vigentes o no, en nuestro presente. De ahí que el rechazo de lo español y la preferencia por lo francés o inglés puede representar una forma simbólica que no explica ni interpreta más que filias y fobias reproducidas disciplinadamente. Sin duda, se trata de sujetos históricos distintos, tanto como lo representan las distintas tradiciones disciplinares que interpretan la realidad continental, aunque en mi caso se trata de una simple especulación.

Photo by Enrico Perini on Pexels.com

¿Qué hay la historia de los neerlandeses en América? ¿Qué hay de la historia de la esclavitud? ¿Qué hay más allá del desconocimiento hispano descolonialista? Es decir, reafirmamos colectividades, interpretamos hechos, consideramos subalternidades, pero en el decurso cultural e histórico de América ¿cuáles son los flujos vigentes con las elaboraciones culturales de mayor peso comunicativo frente a relatos olvidados o minusvalorados?

Lo dijo bien Andrés Calamaro en su inmejorable rola de Grabaciones encontradas “Los libros sapiensales” Latinoamérica Unida. Pero el conflicto Americano perdura y se mantiene como una mutilación idiosincrásica que evade la historia de las divergencias.

Photo by Dimitri Dim on Pexels.com

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