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Diario público de Romulaizer Pardo 9

Cuando era pequeño era un buen deportista. Siempre me ha faltado la disciplina. A los 9 años rebotaba el balón de basquet muy bien. Nunca pude jugar baseball, pero sí fut soccer. Me encantaba correr, era muy veloz. Cuando tenía 9 años fui entregado al profesor de karate coreano Santiago Escutía, aliado de mi padre. De él obtuve una cinta negra, que ya está en desuso, una serie de medallas de torneos en los que participé, obtuve una amistad y seriedad para la vida. Él fue el primero en darme un trabajo, siendo maestro de Tae Kwon Do, hacia 1998. Nuestros caminos se separaron entonces porque yo decidí dedicarme a la lectura y las humanidades, quería ser antropólogo y debía leer. Pero de él fue importante también la iniciación musical. Fue un mentor para mí, mi primer mentor. Después he tenido otros mentores o aliados, maestros les llamo: en su momento Ricardo Falomir Parker, antropólogo de la UAM Iztapalapa, después José Luis Martínez Suárez de la Facultad de letras de la Universidad Veracruzana, el gran maestro Sergio Pitol, el profesor Rogelio de la Mora en la Universidad Veracruzana, pero al menos desde el año 2001 mi gran maestro ha sido Roberto Sandoval. No debo omitir a mis maestros de familia, directa y no directa, como Augusto Urtega, padre de mi Emi, ni mi tío Luis, que desde Chihuahua me estimularon.

Sin duda los primeros maestros han sido mis madres, Margarita y Rafael, de ahí sus padres, aunque a mi abuelo Luis no lo conocí, el gran mito y ausencia familiar materna. Mi abuelo Israel me ponía a bolear zapatos a corta edad. Mi abuela Lourdes me llevaba a sus mandados. Mi abuela Casiana me enseño a cruzar las calles. Con mi madre aprendi a vivir la experiencia antropológica del campo. Con mi padre los deportes. Gracias a ellos que me dieron la vida y me indicaron caminos pude hacer varias cosas provechosas.

Hacia 1981 cuando nací hubo un viaje por la península de Baja California donde estuvieron personas importantes: mis padres, Margarita y Rafael, Marcela Toscano y sus hijos Maura y Esteban, mi hermano Emiliano. Fue una caravana por la Baja que me dió la bienvenida al mundo. Y en ese viaje mis padres se tomaron la foto que aquí presente. Ellos son mis padres, el médico oncólogo y la etnóloga, la fuente primigenia de mi aliento.

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