No hay mucho que esconder
entre la falda del destino
porque los silencios colman
de ausencia nuestro panteón.
No hay mucho que decir
de nuestra vida, marchita hoy,
tregua mañana, abismo cierto
por el sentido de las fugas y los soles.
En los indemnes tejidos del tiempo
nos esconden las manecillas
y los relojes nos llaman misterio
como silente marcha militar.
Nos enquistamos soplando tientos
contra el sintagma rudo del sentido
y nos fragua el sabor a miedo
de todos los atardeceres por venir:
una mañana nos esconde siempre
del acto mismo de nacer y nos dice
llámense todos ustedes familia.

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