En el escondrijo de baladas y canciones
me induce el torpedo del amor
a salir en busca de una negrura esparcida
como silueta en blanco y negro
que registra los límites del silencio.
Me avoco a la noche extraviada
contra sentido de los trinos equívocos
de la mañana, pero indago la silueta
de los amaneceres porque en su origen
hay una primitividad única que atesoro.
La estrecha relación con el imán
desquicia los momentos de quietud
pero a cambio deja un universo pleno
de caos y misterios, irrevocable.

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