La creencia kantiana en la mayoría de edad, su máxima en la edad de ilustración, se vuelve inasequible cuando nos encontramos frente a un amasijo de libros y papeles. No es sólo el principio de autoridad lo que refiere valor a las opiniones y estatutos verídicos, que no verosímiles, de las oraciones. El trascendentalismo kantiano puede muy bien operar como giro copernicano, aunque ciertamente se trate de otros elementos escolares. No está demás aterrizar las escuelas y los itinerarios, las búsquedas y los esfuerzos por la cultura, el pensamiento y las ideas. No es, tampoco, la restricción de un ambiente de opinión o de una simple reproducción parcializada de totales ideológicos. Se trata, por el contrario, de la escuela idealista alemana, de los vericuetos clarificadores por los que transcurrió y se adentró. No es la estética ni Winckelmann o Lessing, no es el ímpetu del regreso al universo de los sueños. Es El Werther como Best-Seller europeo, es la poesía de Hölderlin, es el arrobamiento dramático de los germanos por el siglo de Oro español, es la idea de un arte particular, de un espíritu universal, de las leyes que rigen el ser desde su interior y subjetividad. es el principio de realidad donde la metafísica queda desnudada de su dimensión teológica. El lenguaje, la filosofía, el historicismo, la construcción de la realidad, operan desde horizontes diferenciales. En esta escuela, que no en los temas que trabaja, hay un vestigio cierto que va más allá de los contrastes napoleónicos.

Alexander von Humboldt, portrait

Immanuel Kant

Johann Gottlieb Fichte
Friedrich Schelling
Friedrich von Schiller
Friedrich Schlegel
August Wilhelm Schlegel
Friedrich Bouterwek
Georg Wilhelm Friedrich Hegel
Johann Wolfang von Goethe