Bibliocosmos

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La amistad es un don, también un constructo, algo movible en el tiempo. Imposible recordar desde la infancia a personas queridas, compañeros y amigos: Eric, Mateo, Luciano, René, Jesús, Arturo, sí, pero sobre todo los que con el tiempo perduraron, hasta los límites del presente. Juan Ángel Torres Rechy y Jerónimo Ponce Flores. Dos colegas y hermanos, seguidores de mis letras y de mis actos, compañeros y colegas de toda una vida. El grueso del grupo mencionado ha seguido otras rutas y otros rumbos, sin que eso sea siempre motivo de distancia o enemistad. Las ausencias también nutren la memoria como las presencias. Pero en este remolino que es la vida encontramos seres en ciertas épocas y etapas, como a veces perdemos relaciones o personas. Porque nada es cierto ni seguro para siempre ni para nunca, porque en el inmenso arsenal de segundos y momentos vividos nos enfrentamos con cautela a la necesidad de abrir nuestros horizontes.

La poética de Luzán cuenta con dos ediciones antiguas del siglo XVIII una de 1737 y otra de 1789. Aquí Russel P. Sebold hace la última edición de ambas versiones. En 1977 el mismo autor dió a las prensas una versión de este trabajo. El ejercicio filológico impondría revisar la totalidad de las ediciones, antiguas y contemporáneas, de este trabajo del neoclasicismo español del siglo XVIII.

Hoy escribo para mis hermanos Juan Ángel y Jerónimo, con quienes tuve la suerte de compartir por última vez los tres juntos en 2017. Los desenlaces de la vida hacen posible que ahora no podamos volver a reunirnos los tres. Pero ellos seguramente me tienen presente como yo. En el sentido mismo de la escritura —poética como teoría y género literario— nos encontramos siempre inmersos en procesos de iniciación que ahora son más o menos maduros. Pero ellos representan mi adultez, mis intentos truncos de ser antropólogo y literato, mis intentos por crear un perfil de poeta, mis luchas con otros autores jóvenes del momento, mis inquietudes más fervientes en términos de significado social. Y ahora desvelo estas lecturas de poética, de teoría literaria, porque en ellas mis dos amigos fueron parte y testigo, fueron interlocutores y aliados, en la construcción de mi perfil como historiador. Más o menos, ellos contribuyeron a mi formación y mi diálogo con otredades en distintos tipos. Porque sin ellos también habría sido esterilizar intentar si quiera promoter al mundo un estudio o investigación, que ahora desarrollo.

Algo de la escuela estructuralista francesa del siglo XX, sobre la teoría literaria y las construcciones verbales.

Agradezco a la vida haber tenido a estos dos interlocutores. Ahora sólo Juan Ángel me escuchará, ahora sólo podré intercambiar con él. Pero no por eso debo dejar de lado el reconocimiento a Jerónimo. Porque ellos fueron y serán referentes en mi vida, porque fueron y serán colegas y amigos, porque me acompañan desde la infancia. También porque construimos juntos intentos de ser otro tipo de personas, aunque eso esté en duda todo el tiempo. Porque su cultura, sus lecturas, su mundo y universo de ideas, permean mi ser, mi historia, mi vida, mi devenir como hombre de letras, de actos verbales y de ideas.

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