Diario publico de Romulaizer Pardo

Diario público de Romulaizer Pardo 12

El ejercicio de las letras no me deja otra cosa que dudas. Me hilvana una especie de tedio mental, un letargo, una poca fiabilidad en lo que puedo alcanzar con mis expresiones. No conozco canon alguno, no soy lector consistente, no tengo un método, no puedo construir críticamente mi textualidad. Porque en el fondo me mantiene el trauma vigente de no saber escribir o de no tener la certeza de saberlo. En sí mis escritos carecen de profundidad a menos que se trate de una cierta existencia personal, turbia, dislocada, absolutamente derruida. Porque en el decurso de mis escritos, de mis textos y de mis actos verbales no hay un fondo ni un mensaje, no hay una técnica, no hay una instancia que me permite tener cordura. Encima de todo hago crisis con mis letras, deambulo por lecturas y autores, me pierdo, devano tradiciones que desfiguro, me enfrasco en querellas innecesarias, pierdo los límites en caudales de información no necesarios. Pero en cambio no puedo concebir mi vida sin palabras, sin este rincón, sin estas piezas que son mi existente.

Pero las dificultades también estriban en mantener un doble perfil: académico y creativo. En la diferencia y confusión de disciplinas entreveradas, de fórmulas interpretativas no sencillas ni simples, de una búsqueda incesante por encontrar un estilo personal. Porque si bien mis creaciones literarias carecen de impacto y su circulación es menor, también mis escritos académicos son creaciones, aunque igualmente sean de poco impacto y poca circulación. Pero me dedico a vislumbrar una especie de ars combinatoria donde puede dilucidarse el recorrido antropológico de la cultura, el recorrido filosófico del conocimiento, el recorrido histórico de las ideas, el recorrido literario de los estilos. Entonces me pierdo en los límites de las ciencias humanas, de la literatura, de la estética, de las corrientes y ambientes de opinión y estilos artísticos. Me pierdo en el devaneo de interioridad las elaboraciones propias que me dictan un conocimiento incierto y poco fiable del proceso cultural ilustrado, del devenir histórico de lo escrito entre los siglos XVIII y XX, de las posibilidades de construir una cronología a partir de hitos poco fiables o, al menos, poco convincente. Y en el marasmo que este representa me doy cuenta que no puedo ser un humanista digital porque no tengo las herramientas, porque me falta mucho por aprender, porque en el fondo no se trata de ubicar materiales, documentos, libros, autores, fuentes, sino de construir un discurso propio donde lo creativo académico pueda subsanarse con un tipo de innovación. Al final mis versos, mis poemas, mis intentos por construir una personalidad cultural pueden quedar truncos, pero son intentos, son esfuerzos, son inquietudes y formas en las cuales encuentro desarrollo personal, encuentro preguntas y dudas, encuentro lugares comunes, encuentro la silueta misma de mi matrimonio con la escritura.

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