Gramatopoeticografia y literatocentrismo alfabetocéntrico

Los escondites de la letra

El problema de la escritura estriba no nada más en su condición de lenguaje de segundo orden, en su ser un meta-lenguaje, sino sobre todo en su desenvolvimiento genérico. Lo que se enseña actualmente como literatura está completamente influenciado por la lingüística y en esa medida al interior del estudio de lo escrito existen disciplinas auxiliares: ortografía, gramática, sintaxis, morfología. En su dimensión genérica también la literatura cuenta con multiplicidad de expresiones: poesía, narrativa, ensayo, prosa, entre algunas muy gruesas. Pero la realización de lo escrito también admite una serie de saberes de disciplinas variadas que encuentran su sustento, en términos de la episteme de la modernidad, en el desarrollo de la república de las letras entre los siglos XV y XIX. De ahí por ejemplo la importancia de las comunicaciones escritas para la construcción del conocimiento en sus distintas facetas, no exclusivamente humano sino científico también. De ahí además la relevancia del intercambio y la función de la crítica como instrumento de validación cognitiva. Nuestro mundo saturado por las TICS es heredero de esos intercambios letrados, de esas comunicaciones escritas, de esas formulaciones mediante las cuales se han construido, históricamente, los conocimientos.

Fuente Wikipedia

También la construcción histórica de las disciplinas está mediada por el acto de escritura, por el desenvolvimiento de lo escrito como instrumentación para la elaboración de los conocimientos. Las revistas, los periódicos, los impresos, los folletos, las gacetas, todo un conjunto de lo escrito se ha desarrollado entre los Siglos XVIII y XXI para dar cuenta de elaboraciones comunicativas que inciden en distintos aspectos de la cultura humana: política, economía, física, matemáticas, química, ingeniería, religión, astronomía, filosofía, bellas letras, arte, estética, historia, etnología, antropología, sociología, entre un sin número de especializaciones disciplinares. Por ello, lo escrito asume una condición principal en el desarrollo del conocimiento de raigambre occidental aunque en este caso se trate de una conjunción que abarca la centralidad del alfabetismo. No podría haber culturas nacionales sin escritura, no podría haber imaginarios e identidades particulares sin escritura, no podría existir un canon cultural sin escritura. Por consiguiente lo escrito en su secundariedad lingüística ostenta una constricción comunicativa que permite la acumulación del conocimiento. En el desarrollo de la episteme de la modernidad, derivada particularmente de los procesos de ilustración del siglo XVIII, lo escrito no parece reducirse a lo literario sino que se trata de lo culturalmente escrito, de la cultura escrita, es decir, de todo aquello que puede escribirse, plasmarse por las letras y, consecuentemente, imprimirse.

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En esa medida la episteme de la república de las letras, anclada en el humanismo, se desenvolvió como particularizaciones cognitivas, como instrumentación de ciencias individuales, ciencias sociales, que en el transcurso de los siglos XIX y XX consiguieron niveles de profesionalización importantes. Pero también el desarrollo de la hermenéutica y del análisis del discurso permitieron la evolución del análisis de lo escrito como mecanismo no nada más de registro sino como retractatio, es decir, conocimiento de la tradición cultural plasmada en lo escrito. De ahí entonces que la escritura fungiera no exclusivamente como adorno o añadido cultural sino como ser en sí mismo, cuando en el traslocar el idealismo al materialismo se fraguó el fin de la historia, el fin de Dios, el fin del arte, el fin del providencialismo y la teleología apocalíptica de la Ciudad de Dios. La instauración de estos conocimientos particulares se vio embebida por constructos ideológicos muy concretos, como el positivismo en la sociología y la historia, como el marxismo en la economía y la sociología, como el anarquismo en la organización social y la productividad, como la propia hermenéutica y el conocimiento filosófica, entre otras. En sí estos desarrollos dieron lugar a una serie de quiebres de postulados y prejuicios, de modalidades cognitivas que fueron instauradas de la mano de los regímenes monárquicos, cuyo trastrocamiento político, desde el siglo XVII y hasta la eclosión de los nacionalismos en el siglo XVIII y XIX, fue decisivo.

Discusión filosófica sobre la modernidad de Bolivar Echeverría

Y el cambio de teleología nacionalista, el cambio de la teleología de la modernidad, implicó adecuar el conocimiento y la escritura a lo innovado, mediante el modelo de sustitución de estilos y escuelas, de ideologías y representaciones simbólicas, adhiriendo la modificación de las causas metafísicas y teológicas a una impronta por la novedad, por lo nuevo que sustituye lo viejo. Esta teleología —de la mano del cientificismo, el desarrollo tecnológico y la idea de progreso material, simbólico y cultural— mantuvo como raíz de sus postulados la intencionalidad del cambio, consagrada en la teoría de la evolución de Darwin por ejemplo, o en los postulados sociológicos, antropológicos e históricos sobre el desarrollo de las sociedades humanas como lo efectuaron Spencer, Morgan, el propio Marx, entre otros. El problema estriba en que esta teleología de la innovación, esta causa final que fue innovar, no consideraba la subalternidad de sujetos históricos y sociales, no asumía la pluralidad cultural, no montaba en su discursividad y en su cronología, en su mitología e hitología, a la otredad. Por ello la crítica postmoderna será crucial para comprender en esos términos ideas como la obsolescencia programada, la finitud de las tecnologías y la exageración, la híper modernidad, de lo novedoso. Sin embargo, el cambio teleológico, las causas finales, también se mantiene, en la modernidad, asumidas y compensadas en el territorio de lo escrito, en el terreno de la escritura. Por ello también la institucionalidad de universidades, colegios, academias, de todo un conjunto de recintos del saber. De ahí también el surgimiento de la esfera pública, de la opinión pública y eso que Kant llamó la mayoría de edad de la humanidad, el supere aude, conocer por uno mismo. De la mano de la teleología de la modernidad el individualismo se compone como nodo de identidad y el surgimiento del campo literario, del campo artístico, del campo científico, del campo tecnológico, sustituye las variantes previas, de antiguo régimen, corporativas, colectivas. Entonces la escritura y el alfabetismo, el capitalismo impreso, la revolución industrial de lo impreso, constituyen macro eventos con fenómenos como los ocasionados por Goethe con su Werther, la eclosión de amplios tirajes de libros, de revistas, de periódicos, de toda una serie de dispositivos escritos, de cultura escrita, que se diversificaron y que dieron lugar a esta episteme de la modernidad. En sí, entonces, lo escrito nos conduce por esos recorridos acumulativos, por algo distinto a la especulación, por la concreción dialéctica entre la ontología del lenguaje y la metafísica de lo escrito, es decir, por la conjunción de la escritura y el desenvolvimiento de la cultura occidental que gracias ahora a las TICS nos es dable conocer, describir, explicar y apuntalar.

Fuente: conceptodefinición.de

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