Desinstintividad musicalista

Fugitiva imagen: un Queen personal

Fue gracias a mi maestro de Tae Kwon Do que en mi memoria se aloja el recuerdo de Queen. El profesor Santiago Escutia Martínez, poblano radicado en Coatepec, Veracruz, me intento formar musicalmente añadiendo el epíteto anti-fresa en una suculenta selección de temas de rock en inglés. Ese Coktail era toda una bomba de sabores, intensidades y sentimientos. Como buen adolescente me encontraba en un trance de identidades entre las artes marciales y los deportes hacia el universo de las letras y los libros. Pero en lo que ocurría esa transformación, que fue muy dolorosa, encontrarme con Queen fue grandioso. Pero también en mi ahora oxidada memoria viene a la mente la imagen del compañero de kinder y primaria René Yoruba, ahora un super chambeador de teatro en Veracruz, quien era asiduo escucha de la banda inglesa. Al final de mis días en el Tae Kwon Do todo fue una tremenda decepción y un gran fracaso conjunto. Pero me quedó la música y ahora el recuerdo. Con Queen caminé las calles de la Ciudad de México y Xalapa, con mi walkman, intuyendo muchas versiones emotivas de ese impulso que el tema Don’t stop me now ofrece. En una simple y falta educación machista, pues desde los 9 años me fue inculcada la imagen porno de la mujer a raíz de vivir en Xalapa y justo comenzar a practicar Tae Kwon Do, no podía comprender del todo, cosa que hice después, las diferencias genéricas —por el homosexualismo— que decretaron la década de los setentas a nivel global. Pero si mi desfasada y obsoleta inocencia respecto a las inclinaciones sexuales de “los artistas, rockeros y escritores” era de por sí parte de mi desconocimiento de biografías, andanzas y vidas de tales personajes, mis preferencias de escuchar rock latinoamericano y argentino, como la banda Seru Giran encabezada por Charly García, creaban con mi profesor de entonces una tensión en varios sentidos. No sólo se trataba de no ser fresa, sino de no ser gay. Y no es que sea gay, pero cuando escuchaba Bicicleta de Seru, el mensaje parecía claro: ten cuidado con los homosexuales. Sin embargo, a lo largo de toda mi vida he convivido por personas homosexuales y no me siento culpable o estigmatizado por tener un umbral de tolerancia, sin llegar a compromisos personales, a estas personas tan marchitamente orilladas, en especial en la segunda mitad del siglo XX, a la marginalidad. No es el tema el reflexionar sobre la comunidad LGBT ni tampoco poner en perspectiva ese hecho, sino enfatizar que al escuchar a Queen, y después de haber visto la película en la que se honra su memoria como agrupación, no puedo sino encontrarme con gratos y emocionantes instantes. En lo común de mi ignorancia de los detalles y los particulares informes de vidas y obras, no puedo sino evitar la sentencia del homosexualismo de Freddy Mercury y ver que en su impresionante voz, en su irreverencia y en su hacer artístico encontré inspiración, empatía, sentimientos, ahora recuerdos y muy gratas memorias. Si Queen es global ahora, para mí en aquellos años finales de los noventa, era un asombroso descubrimiento que de la mano del tema a continuación me permitió ampliar mi visión de la música: ser anti-fresa o no, ser homosexual o no, es otra historia.

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