Gramatopoeticografia y literatocentrismo alfabetocéntrico

Dentro del horizonte de una poiesis indestructible

Como retoños de otras épicas temporales nuestra cabalgata de signos embiste la ciudad. Los arrecifes indómitos del desconsuelo marcan por el móvil a aquellos nexos eróticos que comulgan con nuestras fantasías más renegridas. Pero en el silabario de la corporalidad nuestra mentalidad constriñe las horas y deja pasar los cariños contra espejos de silencio. Cada vez que nos recostamos en la plácida cama de luces y destellos pantallistas nuestra voz se yergue de entre los tumultos de la pornografía existencial. En si carecemos de voz pero enquistamos a nuestro hálito una pizca de cordura y nuestra trémula insignia falocéntrica escupe dentro de los desquicios del povernir las cápsulas de esquirlas olvidadas. Carecemos de tiento y nos arrebatamos al instante porque dentro del mutilado emblema que nos define ante la cobija de amores y tormentas quedamos siempre silentes y un costado de nuestras pieles asoma en las rendijas absortas de los indecibles torrentes del recuerdo. Contrabajos metálicos nos guiñan sus ojos musicales porque en el sentido de los alientos conspira el eterno manto del descifraje del sol. Los arremetidos sintagmas de la vida esparcen una tipología de quietud y nausea pero en sí en la situación actual nos refrigera la mismidad de los hechos y las vivencias. En la experimentación de conductas e ideologías enfrascamos los tropeles de gendarmes emotivos cuando la caída de las lunas embelesa los atisbos fulgentes del sabor ontológico. Como nos perderíamos si no tuviéramos cicatrices ni relojes, nuestra brújula de verbos y luces argumenta en sí contra sí misma y en el ventajoso trance de los absortos y prófugos destinos escribimos las cimas costeras en las cuales una firme torpeza nos define. Como siluetas macabras en medio de una tormentosa noche las cúspides de nuestros ojos endilgan a la bocanada de humo lacerantes y famélicas instituciones. Para nosotros no es más que una intentona de promulgar el día y la noche como actos de una temporalidad dislocada en la cual nos insertamos casi siendo cangrejos en la costa de los momentos. Por si eso no fuera suficiente en la improvisación lírica que nos arropa los escondites fraguados en la marmita del deseo espolean el ácido maremoto del idealismo platónico que nos seduce. Entre tanto las cavidades de nuestro susurrar parecen montones de libros y libretas con notas viejas y obsoletas que demacradas enaltecen una actitud creacionista. Sin embargo, estamos fritos en la manteca de las tradiciones y nuestra fritanga absuelve de todo compromiso la realización de los escondites fértiles de la poltrona. Ante la cabizbaja señal de las esferas radiantes quedamos trepidando en las esmeradas mareas de imágenes y símbolos. Aunque sin duda nos quedan lagunas de significados y océanos de sentido, lo que nos define es una playera blanca con logotipos pop que nos hablan de ese pasaje de una realidad circunvecina a una profusión circunvolucionada.

Photo by Steve Johnson on Pexels.com

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