Otros autores

¿Vademécum luzaniano? La tesis

Un hombre del pasado ubicado en una edición de 1974 en la Ex-Unidad de Humanidades de la Universidad Veracruzana, Erica 2008. He hablado antes de la crisis epistemológica que significó para mí encontrarme con La Poética o reglas de la poesía en general y de sus principales especies. Cuando leí la primera vez la introducción de Isabel M. Cid de Sirgado, no entendí nada. No sabía nada sobre el siglo XVIII salvo que Mozart había nacido en él, retazos muy nimios y cortos de la ilustración francesa, ni que decir de la historia de España y sus colonias. Crisis epistemológica, del saber, cuando estaba enfrascado en lecturas estructuralistas (como Barthes, Todorov, Greimas, entre otros). Y por si fuera poco con el pensamiento y la escuela de Praga y el estructuralismo lingüístico desambiguar el término ‘poética’. Recuerdo haber hecho un protocolo de investigación que por ahí guardo entre mis papeles para estudiar la magnum opus de Luzán. Al final recurría a Tomachevsky para comprender que la ‘poética’ es equiparable a la teoría literaria. Después de mi fracaso por las aulas de la Facultad de Letras Españolas de la Universidad Veracruzana, me embarqué en la lectura de Aristóteles, de su Poética y de su Retórica, sin entender un carajillo de teoría estética verbal. Y cuando la eclosión postmodernizante de la poética de los autores, esa moda de la crítica por definir teorías y estilos a partir de autores recientes o pasados, se reveló como el lugar común por excelencia, no logré afianzar una certeza mínima, aun leyendo La Poética de Todorov y ahora sí la de Luzán con más calma, sobre qué era ‘poética’. Entonces fue cuando también en un tono desde mis instintos libertinos construí la categoría de pornopoiesis para fincar mis metas creativas en una retaguardia estética: manejo de imágenes porno, femeninas, distorsión visual, versificación, desnudos, apropiación del discurso pornográfico para relanzarlo como neomercancía de consumo cultural inteligente. Incluso me carteaba con una modelo porno a quién hacía poemas plasmados en sus imágenes desnudas distorsionadas electrónicamente. De ahí también mi certeza en vivirme y habitarme en un «espacio público de opinión» internética propio. Desarrollar blogs, vídeos, música, tener un perfil cultural en internet. Recuerdo que por aquel 2008 o 2009 sin saber muy bien cómo encontré el sitio del Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española y pude leer los diccionarios históricos hasta ese punto disponibles. Me afán fue entonces buscar términos para adentrarme en la época de mi Luzán. Pero la crisis volvió y en 2010, a la muerte de Monsiváis, otra desilusión, otro recordatorio de la muerte de mi madre, Margarita, otro año más sin oriente. Por aquellos días entablé mi acercamiento más sólido con el maestro Pitol en Xalapa, trabajaba con el antropólogo Mariano Báez, me alcoholizaba profundamente. La crisis pasó y con el tiempo la vida, la cabeza, los delirios, la psicosis, se fueron acomodando, al igual que las ideas.

Portada del libro del setecientos La Poética o reglas de la poesía en general y de sus principales especies de Ignacio de Luzán Claramunt de Suelves y Gurrea, impreso en Zaragoza, año de 1737, por Francisco Revilla. Foto tomada de los ejemplares digitalizados por Internet Archive (IA).

En aquellos atropellados años entre 2008 y 2010 me atreví a escribir un mail irreverente al investigador Joaquín Álvarez Barrientos que debió ser tomado de una forma ridícula e impropia, aunque el doctor del CSIC fue muy gentil en ofrecerme la puerta para el intercambio, cosa que jamás aproveche. Ya en años pasados recientes volví a escribirle, con una mayor certeza de mis asuntos luzanianos y de mí mismo, para confesarle mi interés por Luzán. Pero esto ya en otra perspectiva. Cuando indagaba mis primeros conceptos léxicos en el NTLLE, como cultural, ciencia, economía, entre otros, no tenía la más mínima idea de la historia del siglo XVIII, salvo la revolución francesa. Pero si en 2010 entré en profunda crisis, fue respaldado y apoyado por un pequeño grupo de seres queridos, familiares y amigos, para recomponer mi camino. En 2011 volví a las andadas, pero esta vez a las “buenas” andadas. Retomé el trabajo con el antropólogo Báez, emprendí mi blog de pornopiesis, interactué con la modelo porno, hacía mis composiciones y collages pornográficos, fui, en una palabra, un pornógrafo. Nunca pude comprender que el revestimiento del discurso pornográfico es totalizarte, absoluto y que de por medio existe un profundo hábitos de violencia. En un punto de mi itinerario en ese blog de entonces una página de contenido para adultos quería proponerme un intercambio de enlaces y colaboración. Yo no acepté y más bien me di cuenta de los riesgos de plasmar mi identidad digital en el discurso porno o, al menos, ser vinculado y asociado a él de forma categórica y rotunda. ¿Algo desquiciante no? Borré el sitio, dejé de escribirme con la modelo porno, suspende toda esa perspectiva de la pornopoiesis, aunque duro varios años, por lo menos hasta 2015 cuando hice mi serie videológica Pornomancer. Para ese punto había ingresado a estudiar historia en la Universidad Veracruzana y mi blog representaba un ejercicio en varios sentidos: de escritura, composición, creación literario, de uso de herramientas digitales, de edición y realización de vídeos, de implementación de una estética propia a partir de la distorsión visual. Ya los vídeos de pornomancer eran mucho más atrevidos, haciendo pastiche de vídeos porno conmigo presentándolos desnudo, cosa que debió perturbar a más de una persona. Fueron vídeo ensayos, porque al final todo ese tiempo de la pornopoiesis mi interés centrado en lecturas, comentarios de libros, escritura y trabajo intelectual, eran la otra vertiente de mi base creativa. Me la pasaba leyendo y gracias a mis trabajos, finalmente, por ahí de 2015 compré varios libros especializados sobre Luzán o de sus obras. Pero varias de ellas las leí en digital, en mi teléfono celular. Fue cuando decidí abandonar mi perfil porno para dar énfasis a mi perfil académico. Y me tomé en serio la investigación sobre Luzán. Finalmente logré presentar una primera investigación, algo más que básica pero no tan profunda como la que ahora desarrollo.

¿Qué estoy haciendo ahora? Una investigación más profunda, sólida, desde un planteamiento bastante cuestionable por el academicismo tradicional, no así por el innovado: el uso de fuentes documentales digitalizadas. Y ahora desde nuestro presente internético las elaboraciones de los problemas me hacen pensar que estamos instados a trabajar de otra forma. Siempre en pro y beneficio de una heurística, un ars combinatoria entre lo impreso y lo digital. En ese intervalo parece que estoy haciendo un vademécum luzaniano, una obra de compendio profundo, sólido, más que suficiente. Porque no nada más es explicar o interpretar la vida y obra de este aragonés ilustrado, sino ubicar en sus dimensiones letradas un conjunto de prácticas, de lo que Darnton llamó oficios intelectuales. Es encontrar los rasgos de su época, su sentido época, su identidad con un ethos cambiado, crítico del ethos barroco, el ethos neoclásico. Pero también es el desarrollo del ethos ilustrado español, de una ilustración muy divergente respecto a la francesa, la inglesa, la alemana o la italiana, divergente al tiempo de la ilustración criolla americana y de ilustración lusitana y brasileña. Si Kant respondió a la pregunta ¿Qué es la ilustración? y arremete contra los dogmatismos y la cerrazón del pensamiento, en pro de la libertad, si Voltaire y otra franceses tendrán una ilustración anticlerical, importa advertir la ilustración católica del orbe Iberoamericano. Y ante los actos conmemorativos tan profusos y expansivos olvidamos el imperio Español, no nada más como nodo colonial, sino como vertiente cultural continental. Por eso algunos prefieren hablar de Latinoamérica, cuestionando el rol hispánico, mientras que otros hablan de Hispanoamérica, enfatizando el legado común, hasta los que distinguen Iberoamérica, la península completa, Portugal y España, y sus territorios americanos. Fue gracias a la historiografía liberal que se construyó y cimentó una hispanofobia recalcitrante, fortísima y demencial, fanática. Fueron los triunfadores liberales quienes ensamblaron el relato historiográfico anti española, de su leyenda negra, ese antihispanismo. Pero los matices de estas corrientes ideológicas, de ese giro pos colonial, no deben pasar por alto las contradicciones entre una mitología nacional —y nacionalista— y la de una mitología colonialista. ¿Un vademécum luzaniano escrito y realizado por un mexicano promedio? Sí, con todos los equívocos, errores, fallas, faltas comprensivas, erratas, vacíos de información, etcétera, que eso significa. Al final, como lo dijo Luzán, importa el mérito de intentarlo.

Photo by Nextvoyage on Pexels.com

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .