Atisbarías la faz descolgada
cual compañía forzosa
en el ápice del silencio
si en el inmenso fondo
constructo e insufrible
lograses ubicarte como urdimbre.
Pereza imantada enquista
el acto dentro soplos
asiduos a la chispa.
Los inquebrantables
adornos confirman
lo escrito dentro fumigaciones
intelectuales: ¿por qué la vida
asume añoranzas del saber
cuando identifica tu voz
en la súplica que abre el firmamento?
No lo sabemos, acaso un día llegue
la ascua a encendernos
mientras las estrellas colapsan
fugitivas como trémula insignia
del trauma adquirido al aprender.

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