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Un decir con tópico indistinto

Los giros por los que transita mi pensamiento no son fiables ni plenos de certidumbre. En ocasiones me enfrasco en rasgos emotivos que no me conducen por caminos y horizontes confiables, otras veces me embauca un tipo de nostalgia del tiempo pasado que me hace pensar en personas idas, en momentos perdidos, en situaciones no vividas, en decisiones tomadas. Pero me encuentro aquí, en constantes intentos de reconstrucción, de refiguración, de ensamblar una narrativa propia. En mi autonarración hay una concatenación propia de silencios y oscuridades, de tiempos cortos y largos, de una obsesión por el autoanálisis que me rompe siempre. En los espacios y los tiempos quebrados que oscilan de mis situaciones a mis actos, de mis memorias y mis hazañas a mis vacíos y mis desaires, de mis faltas y fallos a mis pequeñas grandezas, ocupo muchas veces los esfuerzos en conseguir una relación desfigurada autohistórica que no me permite medir los campos propios de mi hacer y mi actuar ni de mis redes y mis ámbitos.

En mi tiempo presente me encuentro en una vivencia de un micro ciclo, el de mi posgrado, iniciado en 2017 y que tiene visos de terminar en 2022. Un proceso intenso, completo, íntegro, de esfuerzo, trabajo, entrega, empeño, perseverancia, que espero cristalizar en mi tesis doctoral, pero que ya en cierto modo ha dado algunos frutos. Porque en micro ciclo anterior, mi licenciatura en historia entre 2012 y 2016, me permitió consolidar un esfuerzo sólido de trabajo, de acción, de empeño y perseverancia también. Y todo quizá se remonta a ese año 2010, del bicentenario de la Independencia de México, de la Revolución mexicana, cuando murió Monsiváis y escribí mi ensayo epitafio sobre él, cuando me propuse un programa de trabajo que consistía en tres empresas, conquistadas efectivamente hacia 2017 cuando ingresé al posgrado: 1) hacer el compendio de las obras de mi madre, Margarita Urías Hermosillo, que se publicaron con la Universidad Veracruzana (2017); realizar una investigación sobre Ignacio de Luzán, que en principio conseguí con mi tesis de licenciatura (2016); escribir mi novela El olvidado imperio Natdzhadarayama también publicada en 2017. Bajo ese programa para cuando ingresé al posgrado en El Colegio de Michoacán mi programa de trabajo del 2010 se había cumplido.

Pero en ese 2017 había logrado adentrarme de lleno en una problemática respecto a Luzán mucho más compleja, profunda, sólida y problemática que una simple interpretación sobre su figura neoclásica, al menos interpretándola en su traslado a Latinoamérica. La interpretación de los críticos latinoamericanos me significaba un contraste muy rotundo respecto a la de los críticos españoles, pero también mis incrementadas habilidades en el acceso a fuentes primarias digitales me fueron haciendo idear una macro historia cultural, tarea de la cual he desistido. Pero en el mejor de los casos mi trayectoria por los estudios de maestría representó una puerta de posibilidades respecto a las áreas disciplinares de las ciencias humanas, el conocimiento de los estudios de las tradiciones, las perspectivas múltiples sobre el problema de la investigación en esos términos y por si fuera poco la oportunidad de profundizar en exploraciones temáticas sobre Luzán. A la par, con las aportaciones de mi primer tutor y asesor de tesis, el Dr. Herón Pérez Martínez, pude tener colaboraciones y participación en foros académicos en la Universidad Veracruzana, en la Universidad de São Paolo y en la Secretaría de Cultura de Chihuahua. Al morir el Dr. Pérez en 2019 mi dirección de tesis quedó a cargo del Dr. Carlos Herrejón y mi trabajo cobró cierto giro.

De 2019 a la fecha presenté en 2020 mi examen de grado de maestría con la dificultad intermedia de la pandemia y con un cierto nivel de confusión sobre el desarrollo subsecuente de mi trabajo. En el pasado abril presenté mis últimos avances y se me pidió replantear mi proyecto, evitando el análisis diacrónico que me proponía hacer, delimitando mucho más claramente el capitulado y objetivos, fuentes y dimensiones de análisis, además de hacer cortes sincrónicos más claros y pertinentes. Y eso he estado haciendo en muchos sentidos. Pero este micro ciclo, 2017 a 2022, va rindiendo frutos, va dando motivos de crecimiento y de aprendizaje, de exploraciones y enseñanzas. Al final de cuentas me encuentro en proceso de construcción, en la fase doctoral y en una especie de momento vital, como digo de micro ciclo, que me va rindiendo frutos y me va dando pautas para seguir adelante. Sin haberme propuesto explícitamente un programa de trabajo en 2017, aunque sí tuve que hacerlo por entrar al posgrado, sé que ahora mi prioridad es la tesis de doctorado y que en esa medida me encuentro en un proceso de construcción del conocimiento muy distinto del que tuve respecto a mi proceso de licenciatura.

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