Diario publico de Romulaizer Pardo

Autocronología: Diario público de Romulaizer Pardo 22

Mi autohistoria es una especie de autonarración que se disloca en una especie de sin sentido biográfico. En fin, la crisis de los 40 pega duro. 1981 marca el inicio y de ahí hay que ver un macro ciclo hasta 1991. En esa partición por décadas 2001 marca otro macro ciclo y 2011 otro. Ahora 2021 es el hito final. Pero ese punto de anclaje no es preciso ni definitorio, aunque sí es claro que 1991 es un año crucial para mí de muchas formas y más que 2001 lo será también 2002. Otro año crucial, en cambio, es el 2000, fecha de trastrocamientos cruciales, transito a formas y estilos de vida disímiles de mi adolescencia, experiencias nuevas y locaciones divergentes, apertura a mundos y ámbitos distintos, que en ese micro ciclo 2000-2002 será definitivo. Otro momento micro emblemático será 2005-2008, con profunda producción y tenacidad, después de mi primera gran crisis, 2002-2005, con una intentona por descubrir el terreno de la literatura profesional sin muchos logros, méritos ni conquistas. Otro micro ciclo, 2008-2010, será el de la gran frustración adulta juvenil, la depresión mayúscula frente a un mundo que estaba en puja, en crecimiento, mientras el mío, rancio, quebrado, desvencijado, no cuajaba, no se mantenía, en cambio, se sumía. De ahí otro pequeño intento de cambio y la gran lucha que representó el emprendimiento definitivo entre 2011 y 2016: trabajo, estudios profesionales por fin concluidos, proyectos creativos, realizaciones, escritura creativa, congresos, diversas actividades y por fin una tardía madurez en todo sentidos. No en vano, simbólicamente, podría decirse de mí que mi nagual es el escarabajo, lento, torpe, en ciertos casos, volador, rápido, en otros. Y de la infancia hay que ver la micro cronología que va de los primeros años a 1984 cuando radicamos entre Hermosillo, Ciudad de México y Xalapa. De ahí el año de 1986 y un viaje con mi madre al Totonacapam cuando ella desarrollaba su investigación y que yo fui acompañante. Entre 1986 y 1991 una serie de cambios de vida, Xalapa, primero, Ciudad Juárez después, Chihuahua, hasta que en 1991 volvimos a Xalapa. Pero en 1993 mi madre volvió a la ciudad de las flores y pasamos a vivir con ella hasta su muerte en el 2000, aunque yo, ese año, me fui a vivir a D.F. a estudiar antropología.

En tiempos hubiera podido ser antropólogo (2000-2004), licenciado en lengua y literatura hispánicas (2005-2009) e historiador (2012-2016). En lo concreto solo fui historiador. En lo tangible aprendí de todas las experiencias. Y desde los primeros años después de la muerte de mi mamá tenía entendido y claro que deseaba hacer un libro con sus trabajos, pero no tenía la más remota idea de cómo organizarlo, hacerlo, iniciarlo. Pregunté eventualmente aquí y allá, con profesores, amigos, colegas, no decían más que comentarios escuetos, en ocasiones sus comentarios eran: no debes cargar el mundo sobre tus hombros, no te impongas esa carga, no es tu vida, no es tu obligación. Entre el 2000 y el 2010 no pude vivir mi vida por muchas razones. En cambio entre 2010 y 2020 logré cosechar distintos productos y frutos de un programa de trabajo que me propuse cuando murió Carlos Monsiváis: hacer una investigación sobre Ignacio de Luzán, escribir mi novela sobre Natdzhadarayama y hacer el libro con los trabajos de mi madre. Logré esos tres objetivos, cumplí mi programa. En 2016 titulándome con mi tesis sobre Luzán en México a inicios del siglo XIX. En 2017 publicando El olvidado Imperio Natdzhadarayama y más adelante con la Universidad Veracruzana Margarita Urías Hermosillo. Obra Histórica. Ese mismo año comencé el micro ciclo que actualmente me mantiene investigando sobre Luzán en El Colegio de Michoacán A.C. donde desarrollo un plan de posgrado. Esa es mi autocronología, pero en ella hay que incluir otras cosas que van ahora en mi hoja de vida: mis Retazos quebrados de la vida de 2018 que son mis ensayos de juventud entre el 2000 y el 2012, una que otra reseña aquí y allá, el libro de Patricia Ponce sobre testimonios de VIH y Sida en Veracruz en el cual contribuí que salió este 2021, un trabajo sobre historiografía en México, el rescate de un artículo periodístico de Ramón Dionisio de la Sagra sobre Kant publicado en España y Cuba en 1819 en la Revista de Estudios Históricos TzinTzun, entre algunas cositas sueltas por ahí.

Además dejar de lado la parte creativa, con la idea de escribir la segunda parte de mi novela, dejar de lado la idea de otra novela de tema más realista, dejar de lado una idea de libro de ensayos, dejar de lado otro tanto de proyectos y reflexiones que deben quedar en el tintero, participación en congresos, ideas de artículos, entre otras cosas. Mantener el blog, con una mínima contribución mensual o semanal, por los tiempos y obligaciones CONACYT, mantener las labores académicas, no dar clases ni embarcarme en otras empresas. Cosas todas que implican mantener la disciplina, más ahora en la recta final del posgrado y en la necesaria revisión de avances, capítulos, pre borradores de la tesis y demás. Pero en esta autocronología no expongo videos, canciones, acuarelas, dibujos, noviazgos, romances, grabaciones, borracheras, viajes, visitas a museos, vacaciones, audición de discos y casetes, torneos deportivos, partidos de fut bol, béisbol, basquetbol o atletismo, presenciados, como obras de teatro, cine, danza, igualmente vistos, que nutrieron mi existencia. Y sería esa la riqueza de mi relato, no tanto lo pormenorizado de esta escueta transición de años que no dicen nada, como sí lo podrían decir los Olímpicos de Atlanta 96 y sus bombas, la derrota con los Búlgaros en Estados Unidos 94 cuando Bebeto celebró con el arroyo metafórico el nacimiento de su bebe cuando anotó un gol, en ese dueto inmejorable que hacía con Romario y el último mundial del Pibe Valderrama, me parece. Lo que sí dice por ejemplo el terremoto del 86 o el fraude del 88 o la perestroika, y no solo la rusa sino la de zapaterías Canadá, pero además Lavinia Milosovici en Barcelona 92, las primeras y alarmantes noticias del SIDA, o la música de Kitaro y los triunfos políticos panistas en el norte de México.

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