Desinstintividad musicalista

Falando português: Caetano Veloso

Fue gracias a varias herencias que me incliné por la escucha de este disco, como una curiosidad brasilera, como un intento por indagar esa cultura. Poco sé de Brasil, poco de Latinoamérica. Al final me incliné por una simple monotonía poco documentada, poco cierta y falible, poco efectiva. Porque no exploro YouTube y la inmensidad musical, porque me quedó aquí conectado en con un feedback limitado. Porque en mi senilidad que empezó a los 20 años, en ese quedarme en el viaje, en ese ostracismo traumático que me habita y habito me encontré con esta tremenda y longeva ausencia del mundo, de su devenir y sus hechos. Ahí fue donde me enfrasqué en una retrospectiva autoreferencial y caduca, estéril, ese monólogo autobiográfico que nada dice, que remite a vivencias truncas, al mero narrar eventos e hitos propios a designificativos. Pero en ese intervalo he aprendido un poco de lenguas. En este disco de Veloso me encontré con boleros y piezas musicales en español y portugués, con un tono muy rico musicalmente, con un estilo bohemio, que no se limita al bossa nova, que transmite el estilo folklórico, callejero, festivo, pero también amoroso, melancólico, nostálgico, vivido en tiempos mejores. Una mezcla que obtuve por ahí de 2006 y que escuché fervientemente, con entusiasmo, moldeando mi oído a las frases portuguesas, en el intento de cantarlas y entonarlas, con sus errores y equívocos. En una fuerte idea de adentrarme en universos musicales mayores a los del rock argentino, tan recurrente para mí, esa música que me hispanizó, que me italianizó, que me convirtió un poco en latinoamericanista. En ese recorrido mis contactos no fueron muy fértiles, nunca lo han sido. Soy muy perezoso, muy desidioso, muy poco disciplinado y obtuso. Tengo mis rachas, mis momentos. En última instancia preferí por la cultura española de cierto momento, pero en estos tiempos de dos décadas, poco o nada he conseguido aprender salvo que no hay que dejarse llevar por los impulsos primeros. Con Veloso en su inextinguible alegría y su voraz deleite me acerqué a una dicha y festividad que convocan al regocijo. Me acerqué a la música de mis abuelos, del crecimiento urbano en los años cuarenta del XX, ese tiempo entre guerras, crisis, planteamientos políticos y ambientes hostiles. La cifra ideológica del mundo, entre comunismo y capitalismo, de eso que ahora ya no opera, entre las derechas y las izquierdas, tan convocado y enunciado a falta de otras formas de catalogar las posturas políticas entre proyectos divergentes, quedó registrado en los boleros y los tríos, temas que rescata este disco como La barca y otros del estilo. Y es ese espiral que ya parece el infinito bucle de la rememoración indefinida, el revival ad Infinitum, pastiche del pastiche del pastiche, intertextualidad de la intertextualidad que no se acaba, la cita de la cita, la recursividad, el mismo recurso, el re-volver a vivir, re-vivificar lo anterior, re-memorar vitalmente, lo que ya es el signo de este tiempo nuestro. Así y todo, Veloso después hizo un discazo de rock con la banda de su hijo, que fue un gran descubrimiento para mí. Al final de lo que se trata, en mi caso, es de mis ires y veneres por los territorios de la música, que aparece y se va de mi vida, como los fantasmas del ayer, del hoy, del porvenir.

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