De recordar no morir

Frustraciones

Hay personas que han tenido una vida con menores contratiempos, que han seguido una trayectoria rectilínea, de ascenso, de crecimiento y construcción constante. Personas que, al menos en apariencia, han tenido la fortuna de sortear la vida con las menos crisis posibles, con apoyo de personas, orientadas, con guías, con estructuras psicológicas, con bases personales y sociales, institucionales y familiares, lo suficientemente firmes para no enfrentar crisis paralizantes. Son personas excepcionales. En la mayoría de los casos nos enfrentamos en la vida con estos momentos en los cuales la vida nos rebasa, nos sorprende, nos ahoga. Esto que son las crisis paralizantes nos conduce a callejones sin salida, a estar entre la espada y la pared. En ocasiones no hay alternativas, no hay formas simples de solución de los conflictos, todo es una simple olla de presión que va a estallar y que de por medio implica una cambio drástico de nuestra experiencia vital. Va más allá de nuestra llamada zona de confort. Se trata de las complicaciones causales que experimentamos frente a eventos y circunstancias de múltiples factores que inciden en nuestra vida cotidiana y que van componiendo una esfera propia de elementos críticos. Las crisis paralizantes no son más que la expresión final de ese proceso en el cual entramos tiempo antes de expresarse tal crisis y que nos conduce irremediablemente a concluir o tomar una decisión radical, de vida o muerte. En ese punto, ante las crisis paralizantes, nos hundimos, nos ahogamos, decidimos radicalmente, buscamos salidas, intentamos cambiar, nos enfrentamos a la lucha de las antípodas.

Toda la vida se encuentra plagada de frustraciones para las personas que no amantemos un perfil de sentido extraordinario, para quienes nos mantenemos en los límites de una cordura e integridad mínimamente humana. Somos compuestos por múltiple experiencias, por tiempos, por vivencias, por personas y circunstancias, por motivos y hechos que van marcando nuestro recorrido. Ahí es donde nos encontramos también con metas, deseos, proyectos, intenciones, expectativas, toda una serie de posibles actos para conducir nuestros esfuerzos. Desde pequeños nos enfrentamos a la frustración y en la edad adulta lo seguimos haciendo, con mayor o menor entereza. Eso que no logramos, eso que no conseguimos, eso que nos hace permanecer insatisfechos, eso que nos mantiene inquietos, sujetos de crítica, cuestionados, enteramente parte de dudas, temores, miedos, faltas de seguridad, de certidumbres y certezas, hacen parte de cómo se traducen las frustraciones en nuestro presente. Son reales, pueden ser desde lo más mínimo hasta lo más grande, desde el momento de levantarnos de la cama hasta el trabajo, el noviazgo, la alimentación, el aspecto físico, las relaciones sociales, los estudios, el terreno profesional, en cualquier dimensión humana puede existir el hecho frustrante. ¿Qué hacer con las frustraciones?

Las frustraciones acumuladas pueden detonar una crisis paralizante que en un extremo negativo pueden llevar al suicidio, a una crisis de consumo de psicoactivos y un subsecuente brote psicótico, a una intoxicación alcohólica, a un estado depresivo, pueden desarrollar muchos tipos de resutantes y expresar diversas situaciones. Muchas veces se ha recurrido al arte para afrontar las frustraciones como forma de canalizar terapéuticamente estos sentimientos desagradables: pintura, música, danza, teatro, poesía, narrativa, novela, cine, cualquier clase de arte puede ayudar a mitigar la frustración, aunque aquí habría que distinguir el arte contemplado del arte creado. En su nivel creativo el arte ayuda más que en su nivel contemplativo, aunque en su nivel contemplativo es bastante terapéutico también. Otro tipo de auxilio frente a las frustraciones es la terapia psicológica en sus distintas modalidades. En alemán se habla de las artes curativas para hablar de la terapia y en esa medida la cura se da mediante el habla, mediante la oralidad. En esto se necesita un compañero y guía, un escucha, alguien que desde afuera interrogue, cuestione, pregunte, haga cambiar el punto de vista del analizado, del paciente, en función de las necesidades clínicas, del estilo y método terapéutico, de las los mecanismos psicológicos utilizados, etcétera.

Las frustraciones son inevitables, hacen parte de la vida. Se puede vivir con ellas, es importante aprender a vivir con ellas, aprender a buscar una forma de darles un cauce en la vida en sus distintas escalas (cotidiana, a mediano plazo, a largo plazo). Importa tener opciones frente a la presencia de frustraciones (pequeñas, medianas, grandes) porque al final de cuentas el problema de raíz es construir expectativas o proyectar ideales que no se asemejan a la realidad, por ejemplo, o tener motivaciones y creencias que impiden visualizar obstáculos, impedimentos, problemas y dificultades dentro de su desarrollo. Parte del problema es la dificultad de aprender a responsabilizarnos de nuestras propias decisiones y tomar en cuenta que la madurez de nuestras acciones implica responder congruente y coherentemente con ellas. No solo decidir impulsivamente o de primera intención, sino advertir beneficios y riesgos, consecuencias y peligros, sopesar y medir pros y contras antes de decidir. No se trata, como decimos en México, de echar un volado, un águila o sol (cara o cruz), sino de darle dimensión real al reto, problema y situación que tenemos enfrente y en esa medida evaluar, sopesar, decidir y actuar.

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