Blogging poético

Desterrado del siglo XXI

No buscaré un lugar en el mundo
ni tendré un sitio
ni cuestionaré o criticaré.
Fui derrotado, muy pronto
castigado, recluido y sentenciado
al ostracismo de este siglo.
Fui despojado de mi ser interior
torturado, manipulado psiquicamente,
fui destruído, fui carcomido.
Deje de bailar y sonreír,
deje de cantar, de correr y respirar,
deje que mis pulmones
fueran humo, que mi voz
fuera ruido, que mis manos
fueran destrucción y aniquilamiento.
Este destierro me cifra, desde la guerra
de los tapetes, desde entonces hasta aquí,
desde ese tiempo.
Desterrado estoy del XXI
de sus vértigos y luchas,
de sus debates y controversias,
de sus personalidades y afanes,
de sus metacríticas y discusiones,
de sus giros y dialécticas,
de sus quiebres y continuidades.
Desterrado estoy sin raíz, sin identidad,
sin núcleo, sin arraigo, sin centro sin hogar.
Desterrado en una pesadilla de tiempos
reverberantes, ignorante, famélico, terco,
obtuso, empecinado, necio, sin horizonte,
hacia la nada de una vida raquítica, hacia el cosmos
incierto de luces y universos que son ruido,
siempre ese inmenso ruido que lo detonó todo:
mi rabia, mi odio, mi furia, mi rencor, mi humillación.
Soy un desterrado, un ajeno al siglo XXI, un fósil,
un indigente, una apariencia, una jeta que esconde,
bajo su enmascaramiento, la mistificación
de dolores y violencia. Sí, soy yo la violencia de ese
amanecer, de esos gritos, el deseo de guerra,
el impulso mismo de ritualizar el amor, al final
principio existencial frustrado, frustrante,
impulso original de todo acto transgresor.
Un destierro muy cómodo, muy simple, muy dúctil,
efímero y turbio, rancio y fugaz, la del perdón imposible
por los delitos morales, por la voluntad ciega
contra la ley de los hombres y de Dios, por el impulso
de quebrantar toda norma, toda regla, todo principio,
creyendo salir indemne. Por ser culpable
y no tener credo ni religión,
ni institución ni sacramentos ni confesión alguna.
Desterrado, desahogado, mutilado, vencido.
Sí, en este siglo XXI, donde nadie escucha a nadie,
donde todos contra todos, desterrado, después
de una atómica disección de mis adentros,
una disruptiva especulación de un futuro
inicuo, desesperanzado, fatal y gris.
Desterrado, descolocado, despilfarrado,
en la imposible absolución, en la culpa y su cima,
en la pocilga estéril de neurosis fibrosas y alentadoras
de psicóticas remembranzas, en delirios,
como ladrillos fabricados contra el cinismo
cultural de los legítimos habitantes de todos estos
años de terror, globalización, internet, vida y muerte.

Antes del destierro, D.F., 2001



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