Desinstintividad musicalista

Poca música, grandes guitarras

La recursividad al apogeo de una musicalidad instintiva en mi mutilado trance de los pasajes torpes por los que recorro mi eco es un mal augurio de vivencias y secretos. Pero aquí hay una vivencia que me escurre por los poros y los años, por la remembranza de los trajines en la silueta apoltronada con la que me enfrascaba en la escucha y el diálogo musical con un excelente colega, compañero, hermano de vida y existencia, Jerónimo. Amigo y compañero, compañero de vida y de andanzas, vuelto después, en un trágico desenlace, sujeto narrativo de una historia de nota roja, pero quien no puede quedar en el olvido. Y con él, en esta desinstintividad musicalista, esta imponente disco, este música que arroba los insípidos tránsitos de mis presentes absolutos: este concierto del año de mi nacimiento, de tres absolutas guitarras. Disco de poder, poder de cuerdas, guitarras poderosas, flamenco, jazz, juego. Un recoveco sonoro de amplitud y dicha, regocijo, plenitud, asombro, contrastes, sueños, risas, idiomas, luchas, tensiones, caricias, sonoridades, emblemas, dicharachero, pleno, espasmódico, lúdico. Tres formas que ahora dejo aquí, igual con liga a la sonoridad, al tiempo, a la inmejorable memoria, al recuerdo, a la presencia ausente, de ese querido ser, hermano, anfitrión inmejorable, Geronymous.

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