Rómulo Pardo Urías escribe

Historia de mis blogs: colocar conceptos en la web y desaparecerlos

He tenido varios blogs desde mi muy incipiente Saeki yamamura entre 2005 y 2008 o por ahí, mi tan rimbombante Coágulo de letras de 2010, que me dió una idea de la cyber corporatividad, luego Códice Babel y por supuesto Gramatopoeticografía, mi exégesis facsimilar de la antigüedad inmediata. Desde 2010 incursioné en mis divagaciones con temas pornográficos, muy mal asumidos, desde una traumática visión de la mujer pornográfica y una versificación muy chafa y escueta de orden vulgar, simplista y erotómano. Pero compuse memes pornopoéticos bajo la categorización teorética de lo que entonces no entendía muy bien en definición pero sí conceptualmente: la pornopoiesis. Logré ubicar esta categoría como un término propio de búsqueda en google asociado a mi identidad digital como Romulaizer Pardo entre 2011 y 2014, al menos dentro de mis proyectos de blogs porno, cuando me dediqué a hacer proyectos pornográficos. Pequeño gusto por manipular imágenes porno, editarlas con versos propios, distorsionarlas, modificarlas, crear como fotos de chicle. Lagunas de ellas siguen por ahí en este sitio, otras las tengo guardadas. En sí estos proyectos me sirvieron para aprender a editar fotos, colocarles textos, modificar sus atributos, cambiar contrastes, colores, editarlas. Para una muy chafa tarea de versificación porno-erótica, para un tipo de intercambio web con estrellas porno por aquellos años, un acercamiento al mundo de esa industria que parecía estar a punto de abrirme las puertas a lo cual me resistí y negué por tener deseos de construir una trayectoria académica.

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Pero cuando decidí cambiar mi perfil digital me encontraba emprendiendo un giro profundo en mis proyectos porno, a una modalidad que pretendía ser una especie de series de videos testimoniales autobiográficos sobre mi vida como espectador de materiales porno. La serie se titulaba Pornomancer y era una especie de mezcla con recortes y pastiche de vídeos porno y ejercicios de fragmentos de videos propios, donde aparecía desnudo, comentando hechos de ideas, libros, opiniones, de antropología, filosofía, historia, entre otras disciplinas, que me permitían cuestionarme y cuestionar distintas dimensiones del discurso porno. Realicé 3 vídeos de esa serie y las subí a Vimeo donde tuvieron una cierta acogida favorable con bastante audiencia y visitas. Fue entonces que descubrí que uno de ellos estaba incrustado en un sitio web gay. Fue cuando supe que no debía seguir ese camino. En el ínter descubrí la cuenta de TvTropes de Twitter, quien define lo que es un pornomancer, que en la búsquedas actuales sigue siendo tan ambiguo. Y logré posicionar el término con mi video, con mi blog, con lo que era, en aquel momento, una prosa audiovisual, un ensayo videográfico, pornotestimonial. Borré los videos Vimeo, eliminé las pistas. Años después no hay huellas de esos procesos creativos. Apenas ayer eliminé una lista de twitter que hice por aquellos tiempos de porno, que me mantenía en esa red social en contacto con esos mundos, ya hoy tan lejanos y fuera de mis rangos de acción.

Dos ejemplos de mis proyectos creativos, eso sí vinculados a una de las más fuertes y sólidas industrias de la web, el porno, que me pudieron dar una fama momentánea y temporal, fugaz y efímera, que me hubiera impedido seguir el camino que he seguido. Dos formas creativas, pornopiesis y pornomancer, que representaron mi catarsis respecto al trauma y herida de haber crecido viendo pornografía, en silencio, sin hablarlo, normalizadamente, en complicidad con mi generación, como una novedad cultural que me significó destrucción y enfermedad psicológica. Pero también que es parte de mi mundo y mi cosmovisión, para mal y para bien, como un elemento cultural que agrega un toque de transgresión, picardía, comicidad, erotismo, carnalidad, lujuria, la realidad y crudeza de una sexualidad descarnada y explícita —o el proceso de la explicación como mecanismo expresivo— a mis actos creativos, verbales, estéticos y literarios. Al final, por encima de la pornopoiesis y el pornomancer, proyectos que me hicieron cambiar mi perspectiva respecto a la contemplación pornográfica, me queda lo aprendido y el deseo de mantener un perfil cultural, digital y humanista, creativo, constructor y difusor de mis ideas.

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