Diario publico de Romulaizer Pardo

Diario público de Romulaizer Pardo 29

La dimensión autoetnográfica que mal entiendo y mal ejecuto se extiende a concepciones internas y externas, sociológicas y psicológicas, de autohistoria y automemoria, reconfigurativas de procesos respecto a composiciones procesales. Crecí en ambientes ideológicos y simbólicos contradictorios, mediados por interfases comunicativas divergentes, por intereses e intencionalidades muchas veces en oposición. Ya establecida una cierta autocronología muy esquemática y ciertamente general, la primera instancia definitiva ha sido el gran periodo formativo xalapeño de 1991 a 2000. En ese intervalo, de párvulo y aprendiz, de jovenzuelo y mozalbete, varias experiencias definieron mi constitución de juventud. En otra parte he hablado de esa triada entre pornografía, drogadicción y esquizofrenia que define en gran parte mi proceso individual y psíquico identitario interior xalapeño. Pero si esta pulsión tanática interna se desarrolló en este periodo la fachada y el desarrollo de formas virtuosas, eróticas, o de pulsión de vida, fue también cierta. Entre ellas la escritura, la práctica de deportes, particular mas no únicamente el Tae Kwon Do o Karate Coreano, el aprendizaje de la ejecución de la guitarra y composición musical, entre algunas otras.

Credencial de participación en una clínica deportiva con el profesor Oscar Aguilar, 1996.

La educación deportiva, musical y el desarrollo de la escritura fueron piezas que fomentaron mis procesos formativos y creativos, mis asideros educativos en paralelo a mi educación oficial y formal: la educación que va de la primaria a la secundaria, hasta la preparatoria, el ciclo que desarrollé de 1991 a 1994 de primaria, de 1994 a 1997 de secundaria y de 1997 a 2000 de preparatoria. Mis recuerdos oscilan de viajes a torneos deportivos de artes marciales, encerrones en mi cuarto para grabar canciones y tocadas personales, composiciones y canciones hechas por mí mismo, tardes frente a monitores y computadoras redactando y escribiendo sin parar, mecanografiando intensamente, improvisando, construyendo, creando, con poca consciencia lingüística, con poco conocimiento ortográfico, con poca ortodoxia del español, pero escribiendo, redactando, armando historias y poemas, textualizándome. Escribí textos como parte de los requisitos para ser cinta negra, trabajos que fueron de primeras investigaciones y acercamiento a procesos de documentación y exploración de temas, construcción del conocimiento y acercamiento al proceso de redacción más adulta. De la música quedaron canciones, registros sonoros, casetes, grabaciones. Lo que abandoné fue la práctica deportiva física, después de mi examen de cinta negra segundo dan en 1998. Toda esta formación, toda esta secuencia de acciones, implicó personas, lugares, actos, inversiones de tiempo, dinero, esfuerzo, sacrificios. Hasta el 2000 fue claro que parecía estar listo para la vida, parecía estar preparado para vivir. La lógica entre las pulsiones tanáticas del porno, la droga y la esquizofrenia, inconscientes, hacían contra peso a las pulsiones vitales de eróticas de la música, el deporte y la escritura, conscientes. Lucha que se decidió en 2002.

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