De todas las Córdobas del mundo
la ibérica, la mexicana y la argentina,
la primera es el origen nominal,
la segunda el mito de fundación
mexicano, la tercera el impulso
de este montaraz recordar.
Córdoba ya hoy olvidada
en mis afanes y días,
quizá ahí deambulé,
bebí café, leí de la placa
del recinto bibliotecario jesuita,
mucho antes de interesarme
por los jesuitas americanos.
Córdoba, quizá me equivoque
con esta imagen, intuyo de tu catedral,
pero no, mi memoria falla,
ya después de años, substancias, viajes,
pericias, roturas de corazones,
fantasmas y decepciones.
No te invoco mucho
pero a ti llegué, no como a Rosario,
cuna de mis rockeros favoritos,
de aquella nación de argento nombre,
de ti tengo estas palabras: Córdoba
unida en la historia a mis desvaríos
de andante extraviado en el siglo XXI.