En el derrotero de los tiempos y los años, de las disciplinas y las modas interpretativas, de los actos involucrados en la memoria, la problematización desde evidencias bibliográficas interesa como un nutrimiento cultural. Desde mi perspectiva literatocéntrica, alfabetocéntrica, bibliocéntrica, navegar por formas escritas permite acompasar conjuntos de ideas y valores. Porque al final me involucro en una exégesis hermenéutica ciertamente hispanohablante que deambula por los territorios de documentos y fuentes. En las escondidas entrañas de papeles viejos y ahora neomodernizados por su proceso digital, leer implica una convergencia entre intereses escolares, filias privadas, búsquedas y cuestionamientos. La aparición de centros y nodos interpretativos, de lugares comunes, de estrategias de lectura, permite ensamblar relatos y estructuras semánticas e históricas, derivadas de modelos de análisis e instrumentaciones propias de las formas reconocidas de conocimiento. Pero en mi bibliocentrismo, en mi alfabetocentrismo, en mi literatocentrismo no hay una episteme monodisciplinaria ni mono interpretativa.

¿Cuál es la proyección del entropismo y caos lector que construyo como un sujeto desinsvolucrado con los arrecifes políticos? ¿Existen asideros suficientemente sólidos para involucrarse en la construcción de conocimiento sin que se trate de embalsamamientos monumentalistas? Los hechos escritos compaginan versiones e idearios que mantienen registros interpretativos ampliados y susceptibles de crítica. Pero en sí la comparación que va de una mono disciplina a una multi disciplina y una trans disciplina puede desembocar en confusión, fallos metodológicos, mutilación ideológica o elaboraciones poco afortunadas. No se puede abarcar la realidad o las realidades en su totalidad sino que se fragmentan y se cortan para estudiarlas. Estos cortes y estos modelos de observación de observaciones representan al mismo tiempo formas tradicionales que se heredan y se agrupan según los gremios socioprofesionales. Pero la realidad en su complejidad incide con distintos matices y sesgos en la construcción de los discursos y sus horizontes. Cuando enfrento y determino al centro de lo escrito y lo librario mis formas de comunicación, trabajo y análisis no hago sino mantenerme anclado en una raigambre occidental de conocimiento, tan cuestionable, criticada y hegemónica. Pero en los multiples asideros de lo escrito invento espacios de interpretación y diálogo de saberes para intentar dotar de una fisonomía más profunda y ampliada mis formas de acercamiento al terreno de los discursos.

Los sesgos disciplinares remiten a los hechos escolares, pero en la cotidianidad y el actuar de los intereses propios de las formas culturales escritas uno busca expandir las formas en las cuales hay posibles apropiaciones. Porque finalmente, y eso es lo que niega el monodisciplinarismo, los procesos de aprendizaje de lo escrito abarcan una gama tan amplia de géneros, discursos, saberes, disciplinas, conocimientos, tradiciones y elaboraciones, que el poligrafismo es la única vía de conocimiento y aprendizaje de la escritura. Pero, en el monosaber, el polígrafo, modelo de intelectual y hombre de letras ya en fervor decadente y omiso, representa una configuración del campo verbal difusa, incierta, proclive a relacionamientos abstrusos y poco fiables. Por eso el narrador lee y estudia narrativa, se especializa en ella, se profesionaliza y ejecuta como narrador, aunque su experiencia lectora no se restrinja a la narrativa. Así el sociológico y el estudio de letras se especializan en sus campos, estableciendo distingos que no permite romper los cercos tradicionales de cada uno de esos saberes. Este particularísimo implica un proceso de reducción y síntesis, pero el polígrafo, en peligro de extinción, intenta aprender y ejercitar un cúmulo de modelos y formas escritas mucho más amplio que el de una simple especialidad.


Finalmente en la inmensidad inabarcable de lo escrito la condensación a partir de experiencias lingüísticas es prioritaria, siempre que dominamos y aprendemos por naturaleza social una lengua, pero nos adentramos en el conocimiento de otras para conseguir articular y mejorar los conductos mediante los cuales escribimos. Es prioritario entender que dentro de cada disciplina (creativa y académica) hay tradiciones insertas en lenguas y regiones, en convergencias y divergencias, en sistemas críticos y de validación de cada uno de estos géneros. Si hay una historia del siglo XVIII hay una literatura del siglo XVIII una filosofía del siglo XVIII una cultura del siglo XVIII la segmentación por lenguas e idiomas orilla a