¿Qué hace una cuentista con universos disímiles, variados y prolíficos ante una narrativa fuerte y esbelta? Consagra una voz íntima y femenina, condensada y centrífuga, polifacética y fincada en una técnica literaria bien definida. Una voz que estilísticamente invita, como toda buena narrativa, a imaginar y retorcer finales y nudos, motivos y personajes, sentimientos y vivencias. Desde una profunda ilusión viajera y fantástica Carbajal nos regala piezas de un mosaico que transitan por edades, ciudades, horizontes, espacios, mitologías y constructos de narraciones incitadoras, rebeldes, ampliadoras del intersticio imaginativo y sus letras. Narrativa en tono de provocación ante injusticias sociales, fantástica cuándo de una perla inusual se trate, realista cuando invoque las fauces de paraísos artificiales y drogadictivos, irreverente, satírica, sorpresiva. Con una pulida escritura y un sólido manejo de recursos retóricos y de estilo, la autora nos sorprende con personajes y relatos, con anécdotas y situaciones, con retoques y tránsitos entre esa intimidad femenina y una proliferación abismada de significados.

Prosa limpia, que en su transparencia inunda el piso ingente de lo imaginario, se trata de un libro con la fortuna de tramas y personajes construidos con minucia y celeridad, con el atisbo excéntrico entre el vértigo del presente y la calma lectora. Invitación a mundos y cosmografías instantáneas, dramas y conquistas, hilos y tejidos decisivos, constancia y cambio, apertura a una significativa elaboración del ser mujer, del interpretar el mundo en clave colorida, a vislumbrar enunciaciones rememorativas de la inmejorable factura instalada en lo cotidiano, lo incierto, lo probable, lo conmemorativo, lo abstruso, lo estrafalario y por ello verosímil.

Libro afortunado, divertido, arriesgado, con varias frases y oraciones muy precisas, sólidas, asombrosas, que permiten encontrar en estas páginas un rincón de experiencias como miríada electrocutante de los sentidos. Sinéstico, kinético, desplayante, extrovertido al tiempo que personal, la lectura de Mujer Violeta es como abrir un cajón donde se encuentran los misterios de sombras, luces, memorias, instantes y fantasias. Su necesaria promoción, como una narrativa femenina joven, implica más que una evaluación criticona, el hecho mismo de la sorpresa y el deleite, del gusto por la invención y lo más puro de esta narrativa poderosa, minuciosa, vertiginosa, sorprendente, mágica, lúdica, insospechada.