En cinta La Paz de los muertos agobia tremendas figuraciones dementes. Los átomos de tristeza comulgaron con la dicha de los atardeceres, cuando el el horizonte se fuga la certeza de las estrellas. Polvo idiomático camina en nuestra bocanada de silencio porque en el destino de las fauces del sol estaba escrita la marea de significados que nos arrastró. ¿Cómo esculpir entonces el abandonó huido que nos atisba en el mutismo inexistente? Elucubramos el cariño que nos antecede pero en el sintonizar la historia demiurga nos esculpe la faz del destino una bofetada de años y ayeres. La loma del desquiciado instante es porción adornada como niño en ceremonia de graduación. Al final de las galaxias escondimos siempre aquello engullido contra el ascender absoluto del sin sentido. Cuando escapamos a los tientos fugitivos del fuego nos aquilató una sombra, la joya del cerezo en flor y los andamios del olvido compusieron su sinfonía en nuestra piel. Pero dejamos al azar actuar una vez más como si acaso nos detuviera el finito éxito de la certeza y esparcimos todas las calles interiores en el callejón donde cobijamos, con nuestros iguales, la dicha de una revolución victoriosa.

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