Sin guía ni maestro
para versificar
mi voz y sus lindes
escueto retorcer
escombros vivenciales,
este pasadizo turbio
nombre sin ser
escribo contra el olvido.
Lacustre mi llanto
es ojo de imanes nostálgicos
como si a mitad del Tsunami
del desprecio una honda
de tibieza lograra convocar
las parvas enamoradizas del silencio.
Atisbar la cumbre
interior en este pantano
descubierto cuando salía
el último soplo de poesía
es aquilatar la sombra
de esa vida rota, desvencijada,
derruida, esa vida que no viviré.
Todas las estrellas mueren
todos moriremos. Las palmas
son siempre para los mismos.
Yo, en este acto por inventarme,
versifico los tendones afinados
de mis tristezas
para que el elástico de las decepciones
se estire y horade el poco aliento
que me queda, luminoso, explosivo,
radiante, inextinguible.

Photo by Antonio Friedemann on Pexels.com