Hace 22 años salí de la preparatorio Ricardo Flores Magón Oficial B de la ciudad de Xalapa con una muy mala consciencia de ser adulto, ser universitario, ser profesionista. Me involucré en el estudio de la licenciatura en antropología social en la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa, de donde me identificó y siento orgullo, aun cuando no concluí ahí mis estudios. Entre 2000 y 2002 fui estudiante de antropología ahí e hice varias cosas meritorias, no suficientes, claro está. Después vinieron los tiempos de la revista Bricolage que ya no me tocaron y que fueron el despegue, despunte y consolidación de varios compañeros de esa generación.

Volví a Xalapa en 2004 y estudié letras españolas desde 2005. Pero no pude terminar la licenciatura por no saber hacer un tesis y por haberme encontrado con la magna obra de Ignacio de Luzán. Al final, terminé desertando de letras también. De sentía y denominaba entonces indigente académico.

En 2012 entré a estudiar historia con la firma convicción de terminar, sobresalir y hacer mi investigación sobre Ignacio de Luzán. Lo logré. En 2016 presenté mi tesis de licenciatura en historia y me titulé con mención honorífica y merecimiento de mi trabajo de ser publicado. Hasta ahora no lo ha sido.

En 2017 ingresé al posgrado en estudios de las tradiciones del Colegio de Michoacán, donde ahora estoy por concluir mi proceso académico.

No soy un creador relevante, no tengo una técnica literaria sólida, no soy un amplio y profundo lector, soy mejor estudiante. Pero ahora estoy por terminar cualquier clase de estudios que pudiera desarrollar y mis horizontes de acción se acotan. Pienso hacer un posdoctorado y dar clases, aunque al final de cuentas mis oportunidades de estudiar no se reducen, pero si se achican. 22 años estudiando sin parar, entre carreras truncas, licenciaturas conseguidas, posgrados. Toda una experiencia.

Al final no he dado clases, pero sí he tenido alumnos. Algo he dejado en otras personas, más allá de estar al frente de un aula. Y aunque deba pensar en renunciar o en dejar de lado mi rol como estudiante, ese indigentismo académico, jamás dejaré de estudiar.