Cintura hecha de letras
un maremoto insano
en el infinito flujo
vuelto espíritus y voces.
Cuando el horizonte
reniega de sí
esta poltrona insípida
que es la fuerza de las almas
erradica los grises puntos
de las casillas simbólicas.
Especímenes como contratos
irradian temporalidades
no vacuas ni pletóricas
sino enquistadas en el ojo
que mira voraz
la línea última de lo escrito.
Poder instantáneo
de otros hombros y miradas
puente a la conexión
con los dialectos alfabéticos
este imán que circunda fosos
de obras y mayúsculos libros
como escapando a la torre de marfil
de la república de las almas
textualizadas. Carencia de realidad
fugitiva y esmaltada caricia
al gusto disímil del postre
que es un verso más en la ecumene.
Antídoto de rabiosos populismos
cultura que se pierde
extendida en el mito de Babel
para sí una atmósfera ceñida
al punto final de todas las Biblias.
Bibliomancia que deriva
esculturales atisbos
de saberes y disciplinas
cruce de manantiales
otrora novedades
hoy olvido, figuras y estructuras
composiciones en el cúmulo
febril de las memorias.
Imposibilidad de embeleso
por el trauma de lo escrito
lectura y silente andamio
de nuestros ojos extraviados
en índices y páginas.
Ensamble como alquitrán quemado
que es esa urdimbre
entre fonemas y lenguas
entre musitar interior
y alzar la voz para encontrar
los acentos tonales
del olvido. Pasatiempo docto
este impertérrito camino
ondulado en los rincones
señalados por rutas
de autores, edades, lugares,
tiempos y multitudes inexistentes.
Asombro al quiebre
de las acciones en la economía
de los lenguajes
como pasaje al trance del saber
y el conocimiento
prohibido desde el comienzo,
siempre mortal, pecado de la ciencia,
amor al yugo de la autoridad,
muerte indigente de la contingencia
que es ubicar una vida
una obra y un designio
para entender lo incomprensible
para saber que nada sabemos
en este circo de palabras.


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