Esconderíamos las fulgentes intencionalidades de esculpir langostas ardientes en el océano de los años, pero olvidamos que en nuestro ser personajes torcidos caemos dentro de la teatralidad absoluta. Al final del tiempo en cada tarde estamos como monaguillos dominicales deseoso de jugar y regocijándonos en nuestro servicio. Pero constreñimos nuestras mentes por formas ideológicas que nada tienen que ver con las nubes, la naturaleza o los saberes ancestrales. En cambio, mutilamos lo poco del logos que nos incumbe y desfiguramos ardientes la máscara grasienta que nos envuelve. Cada vez nos parecemos más a un caracol pero sin concha ni baba ni tranquilidad, como andando al rumbo de la sal para deshacernos por llantos, mares y sudores. Como si no estuviera dentro de nuestro el insigne termómetro de las innecesarias composiciones una vez que encontramos la salida del cine escondemos los atisbos de creernos críticos de arte. Pero todo es ese espejismo de indagar los reticulados asombros que marcan átomos de catarsis poco fiables. Anclados en el misterioso y pornográfico acto de explicitar algo que no es necesario nos abandonamos a la sombra erguida que es el marco de un intento poco atinado, pero eso sí, contundente.

Romulaizer Pardo 2015