Eso de los recuerdos en Facebook o Google Photos no hacen sino mostrar el decurso vital donde otras circunstancias regían nuestras vidas. Si tomas una foto del año 1995 en el año 2020 el recuerdo no es fiable, aunque sepas que esa foto, por ser familiar, sea del primer año y no del segundo. Los cambios en nuestros procesos vitales dependen mucho de decisiones, tiempos y espacios, situaciones emocionales, psicológicas y médicas, condiciones económicas, laborales y profesionales, junto a momentos de formación académica o institucional. En sí, ahora, me encuentro en una remembranza de cinco años atrás cuando gracias a mi amiga querida S.C. me embarqué al ingreso del posgrado en el COLMICH. Cinco años desde entonces en un vaivén que ha oscilado de puntos críticos a puntos luminosos, de problemas y retos a soluciones y satisfacciones, de vivir la complejidad de la pandemia y de encontrar formas de actuar y ser en el mundo cambiadas.

En estos cinco años no hay que ver únicamente los grandes o menores logros, sino un proceso vital que se marca hacia el fin en un presente cercano. Proceso que abre incógnitas y dudas, pero confirma actos y habilidades. Por ello, consecuentemente, habré de ubicar los mecanismos para decir que estos cinco años de posgrado han sido una fuerte combinación de pérdidas y logros, de esfuerzo y debilidad, de ridiculez y fanfarronería, una mezcla de emociones, contextos, personas, situaciones, cambios, reincidencias, novedades, en un largo y abierto sentido de mi experiencia humana. No podría achacar a mi querida S.C. todo ese complejo sentimiento de desilusión que encuentro en mi presente, ni tampoco puedo atribuirle a los profesores del COLMICH un sentido de luminosidad exclusivo, pero sí puedo decir que mi estancia en este doctorado ha cambiado mi vida en todos los sentidos.

De esta experiencia, aún en duda de concluirse pero ya más cercana del fin, rescato momentos y aprendizajes que me dieron fortaleza para ubicar mi perfil académico, distinto del creativo. Mis obsesivas búsquedas de fuentes en repositorios digitales, mis formas de investigación, mis aprendizajes (más profesionales que personales) han cifrado este ciclo. Constantes muy sólidas y fuertes se me plantearon desde un inicio: salir de Xalapa, mi zona de confort, venirme a Michoacán, a lo desconocido; recordar que mi madre fue partícipe de asuntos académicos del COLMICH en los años ochentas del siglo XX y vivir la impronta de su ausencia constante, entendida como una necesidad de su interlocución; el hecho de no discernir con claridad mi proceso de investigación por falta de orientaciones y medidas claras, pero irlo defiendo muy certeramente en mi proceso personal; la pérdida física de personas queridas (mi tía Casiana, mi asesor el Dr. Herón, la madre de mi mejor amigo de la infancia Coral, la muerte de mi tía-amiga Ivonne) y eventos que cambiaron la vida de personas queridas; una relación de pareja; una intensidad de trabajo académico y escrito; la realización de mi investigación doctoral; la vivencia de una ciudad como Zamora muy católica y ortodoxa, aunque para muchos, locales y foráneos, hipócrita, que me hizo poner en conflicto mi identidad y mi sentido de pertenencia; entre otros eventos, hechos y circunstancias que cifran mi vida desde 2017 hasta hoy.

Únicamente esperaría lograr terminar bien mi proceso académico y entonces sí ver qué sigue en la vida. Está por verse. Veremos.

Con mis colegas de generación, comida de fin de cursos en 2017