No soy una persona de museos como principal atracción, aunque me gustan. Habito la contradicción entre la alta cultura y la cultura popular, en mi difícil definirme dentro de las pericias y campos de la creación. A veces me doy vueltas a museos siempre que vaya acompañada o a menos que se traté de algo que realmente me interese. Es como ver la TV o ir al cine, necesito ir con alguien.

En 2015 fui becario de la Academia Mexicana de Ciencias y su Verano de investigación científica. Trabajé bastante solitario pero muy de cerca con el profesor Carlos Sola Ayape. Mis búsquedas entonces fueron en la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada en periódicos nacionales. Igual hicimos juntos una visita al archivo del arzobispado de México para obtener información. En esa ida a CDMX me dediqué en ciertos momentos a hacer algo más que mis labores de búsqueda documental. Pude en ese entonces acompañar la mudanza de mi hermano y su esposa a la casa que ahora les pertenece y que recién habían adquirido con un crédito duro de vencer, pero que vencieron. También pude ir a tomar café al callejón de Regina donde me encontré con el mural de la Familia Burón inmejorable. Además, visité un museo en el centro histórico y pude ver obras de Matías Göeritz, un autor que me agrada mucho. Nunca publiqué mis fotos de esa visita. Ya bastante lejos en el tiempo lo que sí es posible será mencionar que ese verano fue un gran verano para mí.